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Imaginaros a la revista Narranación frente a un precipicio en un lugar exótico. Detrás de ella: un largo camino ascendente de diez números alcanzado con esfuerzo, constancia y no poca satisfacción. Y delante: un precipicio con una cascada y un verde luminoso al fondo en forma de selva —no soy muy bueno elaborando metáforas, pero he viajado bastante, oye—. Y ahora la revista se planta ante el acantilado y salta al vacío, haciendo una voltereta estética sobre sí misma, y cae —¡chof!— en las aguas profundas de una laguna tropical.
Y cuando emerge, de repente y con energías renovadas, la revista ha cambiado, ¡Se ha transformado! Ahora es más alta, pero bien proporcionada; tiene un tacto agradable, suave y quizá desprende alguna feromona libidinosa para convertirse en el centro de atención. ¡Ah! Y el chapuzón le ha hecho perder la última letra de su nombre. Así que ya podemos rebautizarla como Narranació. Sale del lago, con el agua resbalando por sus páginas, sabiéndose hermosa, sabiéndose deseada por lectores ávidos. Y se detiene en la arena de la orilla, con la cascada celeste a su espalda, y espera. Porque tiene un poco de vértigo. No sabe cómo será recibida por los lectores. Quizá con indiferencia... o con envidia. Tal vez con deleite indisimulado.
Porque por dentro no ha cambiado. Es una revista que sigue apostando por sus pilares: inmersión creativa entre escritores e ilustradores, anuncios, reportajes y entrevistas... pero ahora en gran formato. Más vistosa que nunca, editada con un cuidado infinito y con un resultado estético que supera todas las expectativas.
Hace ya semanas que terminé su lectura, pero debido a mi inmersión en la CatCon no es hasta hoy cuando os expongo mi opinión. Así que hoy me toca hablaros del contenido del primer número de la nueva era de la revista Narranació (sin aquella ene final): El capítol XI.
El primer relato es de Javi Fernández y se titula «El bocarrot». Está ilustrado por Laia Baldevey. ¿Y sabéis qué? Hacen buena pareja. Él porque continúa rescatando del olvido monstruos y criaturas de la mitología catalana. Ella porque es una experta en ello —sus ilustraciones de criaturas fabulosas de nuestra mitología son preciosas—. Así que, al igual que en su novela L’últim Dip, el autor de Igualada vuelve a adentrarse en leyendas ocultas para presentarnos una criatura poco conocida que se esconde en los campos de trigo. Parece ser que tanto podía propiciar una buena cosecha como matar a los segadores. Javi Fernández crea una trama más cercana al terror de lo desconocido. Incluso resulta, en ocasiones, muy cinematográfica: un joven campesino quiere ayudar a su padre a segar y desaparece en el campo de trigo sin dejar rastro. ¿Han sido los segadores resentidos por el mal trato del año anterior? ¿O una bestia que se oculta entre las espigas? Un cuento notable, de corte clásico y muy convincente.
Seguimos con «Root» de Josep Masanas, con una ilustración estrambótica y colorida de Ferran Clavero (que parece formar parte del mismo universo que la portada de la Catarsi 37 y me despierta las mismas sensaciones, dicho sea de paso). Este es un relato con un trasfondo original: plantearse qué hay después de la muerte, conocer quién mueve los hilos de la existencia. Nuestro protagonista fallece y lo que encuentra al otro lado no es lo que esperaba. Masanas elabora un cuento repleto de guiños al fandom informático, a los videojuegos y a lo fantástico en general. Y lo hace muy bien; con ritmo, con expresiones elaboradas y con una trama que, cuando menos, sorprende a medida que avanza.
«Les que volen» de Ricard Ruiz y Elsa Velasco, esta última también responsable del magnífico dibujo a doble página que lo acompaña, es una apuesta diferente y completamente rompedora. Una historia de carácter poético con frases cortas y a menudo impactantes, pero que transmite una sensación inusual. Todo el relato es como una canción de esperanza y angustia mezcladas. El problema es que no he conseguido conectar con la trama. Lo he leído dos veces, pero no he asimilado qué querían decirnos los autores, o al menos no del todo. Hablamos de un cuento lleno de ambigüedades, bajo la premisa de un rito iniciático que rodea a una joven y el hecho de alcanzar un estatus concreto que implica una transformación física (y quizá social). No sé si estoy espeso, pero no he terminado de asimilarlo y, como me conozco y sé que a menudo no detecto los mensajes sutiles... prefiero dejarlo sin valorar porque no me siento capacitado para hacerlo.
Cambiamos totalmente de registro con «Y Hanky Perkins volvió a saltar» de Bea Aguilar, con la ilustración (excelente) de Daniel Páez. Nos encontramos con un cuento muy bizarro en el que una chica necesita suicidarse cada quince minutos. Pero cada vez que se estrella contra el asfalto se recompone y vuelve a subir a su ventana. La presencia de una gaviota alterará su rutina. Hay que saber entrar en el subgénero bizarro para disfrutarlo. Sencillo pero efectivo.
Normalmente en cada número de Narranació suele haber algún cómic. En esta ocasión es de justicia señalar que, en mi modesta opinión, el cómic «Mare» de Óscar Pérez es lo mejor que ha pasado hasta ahora por la revista. Claro que ya sabéis que en cuestión de dibujo tengo gustos muy clásicos. «Mare» nos acerca a una historia de terror sobrenatural muy bien llevada para las pocas páginas que tiene, donde una niña deberá tomar decisiones difíciles en un ambiente completamente tenso. Excelente.
El primer relato puramente de ciencia ficción es «Una vida blava» de Cristina Xifra, ilustrado por Comrayo. Ciencia ficción distópica que parece una mezcla de clásicos como 1984 y Mercaderes del espacio. En una sociedad futura, la gente vive en un entorno azul por orden del gobierno. Se monitoriza casi el 100 % de la vida mientras se les obliga a producir y consumir. Pero Ivet elabora un plan para ver más colores; piensa que otra vida es posible, aunque solo sea durante unos breves instantes al día. Un relato muy conseguido. Me gusta comprobar cómo Xifra escribe relatos muy distintos y con estilos también diversos. Recordemos la variedad de cuentos como «En perill d’extinció» o el magnífico «Veus interiors», por ejemplo.
Si obviamos la presencia de la gran Elia Barceló, seguramente la escritora con más experiencia narrando historias de esta recopilación es Susana Vallejo, que nos presenta «Dens, fosc i brillant», apoyada en la parte gráfica por la gran Teresa Suau. En esta ocasión Susana nos plantea de forma sencilla y a través de un diálogo entre abuelo y nieta una dicotomía interesante. En un futuro, dentro de dos generaciones, una joven entrevista a su abuelo. Le pregunta cómo era su mundo (nuestra sociedad actual) y se horroriza ante las costumbres bárbaras y la forma en que funcionaba la sociedad de aquellos tiempos (contaminación, poca sensibilidad medioambiental, contacto físico, consumo de café…). En la actualidad de la joven, todo es más limpio pero también más estéril. No existe la creatividad y el ritmo de vida es frenético. El final, que busca la nostalgia y cierta complicidad con el lector, nos anima a preguntarnos si nuestro mundo actual es realmente el peor posible… o si todavía puede degenerar más (aunque mejoren ciertos aspectos puntuales). Uno de los cuentos más reflexivos. Muy bien.
Tampoco puede faltar una poesía en cada Narranació. Esta vez se trata de «Manifiesto» de Loredana Volpe en el texto y Noé Aceitón en el dibujo. Como siempre, me abstendré de opinar sobre un texto poético.
Continuamos con «Pinzells amb gust de maduixa» de Irene Almolda y con dibujos de Marina Camprubí. Esta vez el relato no me ha entrado del todo bien. Es un cuento narrado desde dos puntos de vista intercalados, en primera y en tercera persona. Protesta contra la falta de creatividad en el año 2050 cuando el arte queda en manos de las IA. Un poco justo para mi gusto.
Eduard Martí nos tiene acostumbrados a su particular sentido del humor (leed Ressuscitar és una merda si queréis reíros de verdad, por ejemplo). Por eso me gusta que esta vez haya escogido otro registro para contar su historia. Se trata de «Bu» y su bonita ilustración corre a cargo de Eloy Calvo. El autor barcelonés nos propone un cuento de fantasmas: directo e introspectivo bajo el punto de vista de un espíritu que mortifica y ama a su hermana. Me ha parecido bastante original la manera en que el autor expone esta dicotomía entre el amor fraternal y los sentimientos más despreciables de un fantasma que toma la voz de la narración. Muy bien.
Antes hablaba de Elia Barceló, de quien he leído grandísimos relatos de toda clase. Debuta en Narranació con «Realidad cero» y la acompaña en el dibujo Ignasi Blanch. Es un relato con mucha personalidad y una prosa magnífica. La realidad cero es nuestra vida diaria, sucia y poco interesante. La gente se refugia en realidades alternativas y una programadora, Pal, parece tener un proyecto excelente para recaudar mucho dinero. Un cuento correcto, aunque uno le augura más recorrido, quizá en un formato más largo.
El relato en inglés nos llega de la mano del gran Adrian Tchaikovsky: «The Mouse Ran Down», con una interesante ilustración de Ismael Pinteño. No soy buen lector en inglés y, aunque entienda la historia, no sé disfrutarla literariamente. Por este motivo nunca reseño cuentos o novelas en inglés. Los editores de Narranació tienen como norma presentar los textos en el idioma en que les llegan. Es respetable, faltaría más, pero me he quedado con las ganas de leer el primer cuento de Tchaikovsky que podría haber sido traducido al catalán. Y más tratándose de un autor al que admiro mucho.
«Pastora de relámpagos» de Hermanos LaPlace e ilustrado por Romina Molist es el tercer capítulo del relato folletinesco que, número tras número, nos llega puntualmente. Y que no leo porque no me gusta leer historias de un año para otro.
Llegamos al artículo de este volumen. Esta vez escrito por Irene Solanich: «Quan els gèneres es barregen: hibridacions narratives en la literatura popular». ¡Uf! ¡Qué barbaridad! Un magnífico artículo breve sobre los orígenes y las hibridaciones que los géneros han experimentado desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Solanich incorpora ejemplos concretos y, a través de una explicación perfecta, nos muestra lo habitual que es mezclar géneros para buscar nuevas formas de expresión literaria. Con ejemplos tanto locales como extranjeros ejecuta un artículo ágil que nos transmite la idea de que esta hibridación quizá sea un fenómeno natural que los autores buscan para crear una buena historia. Perfecto.
Y acabamos con el monográfico del ilustrador invitado que en este caso es Arnau Vendrell. Como viene siendo bastante habitual, los editores de la revista nos han preparado un buen artículo para hablar de este ilustrador del Penedès. Podréis aprender mucho sobre su obra, sus influencias e inquietudes. Me gusta el tono y el estilo de Narranació para retratar a sus artistas invitados. Muy bien.
Ya hemos terminado. Ya hemos repasado esta revista reformada, renacida, esbelta como una actriz o actor de Hollywood que recibe un millar de miradas algo lascivas. Pero... ¿y su interior? ¿También está a la altura? Pues notable, quizá sin ningún cuento superlativo (como habíamos visto, por ejemplo, en Narranación 8 y Narranación 10), pero en cambio con un grandísimo cómic y un no menos fabuloso artículo divulgativo. Sea como sea, con un nivel que se mantiene sin problemas.
Seguiremos observando, un poco de reojo y un poco con ansiedad, las propuestas para la próxima revista, ahora ya con el nuevo formato consolidado y con la catalanización del nombre. ¡Dentro de pocos meses volveremos a tenerla aquí!
Eloi Puig
13/06/2026
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