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Hacer reír escribiendo es difícil. Igual que provocar miedo o crear angustia. Por suerte, Eduard Martí ya tiene experiencia en el delicado arte de invocar sonrisas. Leed, si no, obras como Infestació o cuentos como «Adorables conillets de Pasqua» para saber de qué hablo. Pero es que, además, esta vez se ha atrevido con el humor absurdo, hijo del género bizarro, algo aún más complicado de llevar a cabo porque no todo el mundo posee ese equilibrado sentido del humor que le permite reírse de situaciones estrambóticas y sin demasiado sentido aparente.
Pero… ¡tachán! Un servidor es uno de ellos. Soy uno de esos seres sin escrúpulos que puede disfrutar frenéticamente de un gag, un chiste absurdo o una historia como la que podéis leer en Ressuscitar és una merda, que aparte de provocarnos risas también esconde unos cuantos mensajes para reflexionar.
Y es que en esta historia, tan extraña ella, encontraréis mucho humor, un poco de sexo (muy pasional) y, cómo no, una pizca de escenas escatológicas, pero en el trasfondo (allí en las profundidades a la derecha) también podremos descubrir que Eduard Martí quería denunciar algunos aspectos de nuestra sociedad que pasan por la política de extremos o por la desnaturalización de los individuos. Supongo. O no.
¡Ah! ¿Que todavía no os he explicado la premisa? No tardo ni un minuto: los muertos resucitan, vuelven a la vida. Esto de por sí ya es un poco problemático, pero lo más fastidioso es que se reencarnan en objetos físicos y (en principio) inorgánicos: una nevera, una silla, una tostadora o, en el caso de una de los dos protagonistas… en una cucharilla de plástico de café. Aquí un ejemplo:
«Un día el jefe de psiquiatría pidió hablar conmigo. Era un cenicero hecho por alumnos de preescolar; torcido, sin ninguna simetría y con el asa truncada, pero tenía una voz potente y sabia.»
Porque esto, señoras y señores, es como una buddy movie, una peli de colegas, de esas en las que los protagonistas no se entienden al principio pero que poco a poco van limando asperezas. Como en Arma Letal pero donde Mel Gibson sería una cucharilla de café llamada Mary Pains (para los que no sabéis idiomas, es Maria Dolors en inglés, que queda más chulo). Sí, sí, sí, como lo oís: una antigua espía súper destroyer se ha reencarnado en una cucharilla permanentemente enfadada y, junto con nuestro protagonista, un hombre débil, un deshecho humano que llora de forma patética la muerte de su querida Prudence, serán el dúo dinámico encargado de dirigir el nuevo departamento DANGER que se dedica a resolver crímenes en los que los retornados están involucrados. Él nos narrará sus vivencias entre llantos y melancolía por Prudence que ya no está. Utilizará a menudo un tono de oveja degollada (que me ha gustado mucho) y, en contraposición, nos encontraremos con Mary Pains que grita más fuerte que el sargento Hartman de La Chaqueta metálica.
El departamento DANGER tendrá que resolver asesinatos, lidiar con nuevas religiones abraza-objetos, investigar sectas y políticos, y todo ello dentro de una aventura convulsa de sexo objetil (esto es hacer ñaca-ñaca con cosas inanimadas), crímenes pasionales, pero sobre todo, sobre todo, sobre todo… con mucho amor.
«Estuvo ingresada durante semanas en un hospital para cubertería con diferentes traumas (…) No le gustaban las flores, ni los bombones ni nada que se le suele llevar a un enfermo, de modo que acabé decidiéndome por llevarle catálogos de listas de boda con muchas fotos de cubiertos de lujo. Algunas se podían abrir como desplegable. Había uno con un póster central de un cuchillo con mango de marfil que parecía mirar al lector con lujuria y que arranqué y colgué en la pared para animarla.»
Cada capítulo profundiza más en esta premisa sobre los problemas que comportan los retornados y los disecciona desde diferentes puntos de vista. Martí sabe otorgar a la novela una especie de coherencia intra-absurda (1) en una trama in crescendo en cada capítulo, creando un universo imposible bajo las risas. Le saca jugo de formas distintas, creando este collage de personajes inverosímiles, una trama cercana al noir y, como comentaba antes, una cierta denuncia de temas de actualidad.
El resultado es una novela con muchas ganas de hacer pasar un buen rato al lector. ¿Que si lo consigue? Ciertamente. No os reiréis con todos los gags, no siempre esa exageración es adecuada, quizá echas en falta que hablen más en sueco… siempre hay detalles que puede que no te hagan gracia, pero os aseguro que hay muchos otros que sí, y que la trama y los personajes son imperdibles e inolvidables. Objetivo plenamente logrado. Poco más se puede pedir.
Eloi Puig
04/04/2026
(1) Estoy inventándome muchas palabras hoy, ¿eh?
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