Prometeu i el portador de la flama
CF- DISTOPÍA
 
     
 
 
 
 

PROMETEU I EL PORTADOR DE LA FLAMA
(2017)

Marcel Pujol Borràs

Editorial:
Xandri
(2017)


Colección:
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Núm:
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Páginas:
241

Otras ediciones:

No existe edición en castellano

 
     
Prometeu i el portador de la flama

Estamos en el año Frankenstein y aunque la presente novela fue publicada por Ediciones Xandri el año pasado, no ha sido hasta hace pocas semanas que la he leído, por lo tanto viene al caso, por lo menos, comentar las peculiaridades del título que poco o mucho me condicionan la posterior lectura. Dice la mitología griega que Prometeo, como sabéis, fue quien mostró el fuego a los hombres y consecuentemente les abrió la mente o la capacidad de pensar y por lo tanto desarrollar la tecnología y en definitiva ser libres. La misma Mary Shelley publicó hace 200 años Frankenstein o el moderno Prometeo en una novela que entre otras muchas cosas exponía de manera inequívoca el don de la creación. Marcel Pujol en cambio nos aporta una figura de Prometeo un poco más sesgada, para insertarla en una aventura que se adentra en la temática distópica pero sin renunciar a un cierto aire fantástico.

Prometeu i el portador de la flama es un novela de aventuras que posee una ambientación peculiar. Por un lado nos recuerda a cualquier novela distópica de tipo futurista pero en cambio la presencia de nombres de deidades griegas en los personajes nos descolocan un poco hasta el punto que acabamos viendo la obra con un aire más retrospectivo, como si habláramos de ciencia ficción en el pasado.

Encontramos por un lado al individuo MLM-1983, un productor que día a día debe realizar unas tareas concretas en un lugar llamado Inframundo, el lugar donde se cultivan y se recolectan las cosechas y donde miles como él siguen las órdenes incorporadas en sus brazaletes electrónicos. Pero en el Inframundo también existe la rebelión contra estas condiciones de esclavitud. Y el individuo MLM-1983 la conocerá de cerca una vez haya escapado. Su nombre cambiará a Prometeu, casi como un acto de fe, en una persona que presenta capacidades notables y la que podría un día llevar la libertades a los auto-considerados libertos del régimen.

¡Ah! El régimen! Este es dirigido con mano de hierro por Di-We, también llamado Zeus que desde el Monte Olimpo contempla toda la tierra de la Atlántida donde sus habitantes viven en paz y armonía, pues el Inframundo provee de todo lo necesario. Aquí es donde encontraremos personajes como Heracles, ayudante del mismo Zeus, o Odiseo, capitán de la Guardia. Este mundo superior donde viven los atlantes es muy finito, pues una enorme cúpula los protege de un exterior con unas inclemencias climáticas que no permiten la vida fuera de ella.

Sí, no es la primera vez que una obra de ciencia ficción recoge los mitos griegos para aprovechar sus historias o personajes. Sea desde una perspectiva claramente futurista como fue Dan Simmons con Illion y Olympo o más recientemente por ejemplo, Antoni Munné-Jordà con la inclasificable y tremenda Michelíada; sea desde una perspectiva más clásica y fantástica, como nos regaló la extraordinaria Señores del Olimpo de Javier Negrete, ya hace unos cuantos años. En cambio, Prometeu y el portador de la flama se queda en un país de nadie, entre medio de claras referencias a la ciencia ficción pero con unos personajes que inevitablemente conocemos hace tiempo porqué sus nombres (Artemisa, Zeus, Heracles, Hades, Prometeo, Odiseo, Hefesto ...) toman los atributos que todos conocemos de las deidades o héroes griegos. ¿Qué significa esto? Bueno, las especulaciones al respecto pueden ser muy numerosas; yo me decanto por pensar en una época muy pretérita que gracias a la tecnología pudo sobrevivir al cataclismo exterior. Quizás incluso podemos imaginarnos la mítica Atlántida en clave de ciencia ficción.

Marcel Pujol, pues, se arriesga con una mezcla curiosa y a veces difícilmente manejable y el invento le sale bastante bien: Nos aporta una historia de rebelión clásica e incorpora ingredientes que nos mantienen atentos a la trama. Incluso nos llega a sorprender con algunos giros argumentales. La acción se divide entre los acontecimientos que transcurren en el Inframundo y también los que tienen por escenario el mundo superior protagonizados por Prometeo y Heracles respectivamente. Es interesante comprobar los puntos de vista éticos con que se rige la Atlántida: Mientras alguien haga el trabajo, ni que sean androides y los atlantes vivan con comodidad y salud, no hay que plantearse ningún cambio, aunque quien descubre lo que realmente ocurre, sufre la vergüenza. Es un poco como la idea de aquel breve cuento de la desaparecida Úrsula K. LeGuin, "Los que se alejan de Omelas" pero visionado a través de otra sociedad utópica que en realidad es una distopía disfrazada de buenas palabras.

Así pues, la trama es correcta y tiene ambición, el ritmo es constante y no se ralentiza nunca, al contrario, en algunos capítulos parece que el autor no sepa poner freno o no pueda contener la acción, lo que desestabiliza una poco el tempo. Especialmente al final, también hay que decirlo, se nota la trama precipitada y poco cuidadosa. En cuanto a los personajes, creo que en general son poco expresivos, quizá porque el autor los condicionó al supuesto talante de cada héroe o dios griego al que representan. Los mejores, probablemente Aides o Alkaios, o el mismo Odiseo, mientras que curiosamente, los protagonistas, Heracles y especialmente Prometeo se les nota rígidos y poco interesantes. Cumplen una función de mostrarnos sus escenarios correspondientes pero poco más.

Así pues, nos encontramos con una novela notable en cuanto a ambientación y ritmo y algo más frenada en cuanto a personajes y diálogos, que resultan poco expresivos y un tanto artificiales. En todo caso, siempre hay que tener presente que la mente del lector está batallando constantemente para intentar proporcionar una personalidad propia a personajes que llevan nombres que todos conocemos y que por tanto involuntariamente asociamos a unos atributos concretos. Esta fricción mental provoca que quizá veamos con ojos más críticos a los personajes mencionados.

Una aventura pues, amena que nos abre reminiscencias a literatura clásica pero enfocada desde una óptica innovadora. Quizás hubieran hecho falta más páginas para terminar de fijar la historia y probablemente la trama secundaria (que aplaudo) que el autor ha intercalado en el argumento principal podría haber sido más vinculante o siquiera más decisiva. Pero sea como sea es una loable primera novela.

Eloi Puig

24/03/2018

 

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