No haureu de plorar els morts
TERROR SOBRENATURAL  
     
 
 
 
 

NO HAUREU DE PLORAR ELS MORTS
(2025)

Carlos J. Sánchez

Editorial:
Obscura Editorial
(2025)


Colección:
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Núm:
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Páginas:
242

 
     

No haureu de plorar els morts

Una de las quejas más frecuentes del fandom catalán es la escasez de novelas de terror en nuestra lengua. Aunque la ciencia ficción y la fantasía poco a poco van recuperando terreno y normalizándose —aunque de forma contenida— el terror, en términos generales, siempre ha sido la hermanita pequeña a la que nadie hace demasiado caso.

Por suerte, en los últimos años diversas editoriales están empezando a dirigir la mirada hacia esta hermanita que salta y se estira para llamar la atención. El primer paso fue traducir algunos clásicos, pero en lo que respecta a la literatura de horror propia siempre lo hemos contemplado con cierta resignación. Por eso que editoriales como Obscura nos traigan una obra como No haureu de plorar els morts, de Carlos J. Sánchez, es un regalo del cielo. No solo porque estemos hablando de terror en catalán, sino porque es una de las mejores novelas de este género que he tenido el placer de leer en nuestra lengua.

Así que estamos de enhorabuena. Y esto es así porque, aunque en el formato corto, los relatos, siempre hay un montón de escritores que nos acercan el terror sobrenatural, pocos autores se han atrevido —o han podido— ofrecernos historias más elaboradas y extensas. Pienso en Josep Sampere y su Aquesta nit no parlis amb ningú, o más recientemente Isabel del Río aportaba ingredientes de terror cósmico a No albiro el bosc, sin olvidar a Edgar Cotes y su particular espíritu malévolo en Un àngel cruel. En cuanto al escenario de pueblo aislado, es Iván Ledesma quien más se ha acercado a la presente novela con la grandiosa Ante dioses indferents. Pero ahora es el turno de Carlos J. Sánchez y hay que decir que ha entrado por la puerta grande porque, repito, No haureu de plorar els morts es un puñetazo sobre la mesa en cuanto al terror sobrenatural escrito en nuestra casa.

Algunos la llamarán pomposamente folk-horror; otros, quizá simplemente podamos confirmar que una novela que transcurre en un pueblo apartado repleto de enigmas y misterios y donde lo sobrenatural va tomando forma es uno de los mejores escenarios posibles para desarrollar una historia de terror. Valldeplors es un pequeño pueblo situado en las montañas, en un lugar indeterminado que suponemos se encuentra en la Serralada Litoral —o quizá más allá—, entre el Maresme y el Vallès. Abrimos la primera página y entrevemos una ermita erigida en lo alto de una colina, y allí, en el cementerio, un grupo de personas que asisten a una ceremonia
mortuoria. Miquel Llop ha muerto y lo están enterrando cristianamente. La mayor parte del pueblo asiste y, en términos generales, hay un ambiente triste. Pero algunos respiran aliviados: su viuda, Marta Maria, y sus hijos regresan a casa y una sonrisa cruza el rostro de quien fue la mujer de Miquel Llop. Parece que ahora, por fin, podrán descansar.

Y es que bajo la trama sobrenatural que esconde esta novela, también encontraremos una crítica social sobre la violencia doméstica en una sociedad acostumbrada a ella y que la tolera. Estamos —supongo— en los años cincuenta o sesenta y la familia aún vive bajo las riendas del amo de la casa, del padre que todo lo puede o que todo lo quiere. Una vida de campesinado estricto para cualquier mujer, especialmente si el marido es un maltratador hijo de puta que les hace la vida imposible. Una vida de pueblo donde las personas que dirigen estamentos oficiales tienen un peso importantísimo. Y así será cuando descubramos que algunos de los grandes personajes de esta historia son precisamente el médico y el rector de Valldeplors.

«Lo que le digo, padre, es que todo hombre o mujer es malo si dispone de tiempo suficiente para demostrarlo».

Poco después de la muerte de Miquel Llop comienzan a suceder hechos extraños que perturbarán de manera escalonada la vida del pueblo. No entraremos en detalles, pero tanto el cura Mateu, un joven rector recién llegado para sustituir a su homólogo anterior, como el doctor Navarro, hombre de ciencia, veterano de la Guerra Civil y muy crítico con las actitudes de personajes como Miquel Llop, serán los encargados involuntarios de investigar qué está ocurriendo en el pueblo y por qué. Ambos son hombres de carácter e inteligentes y se convertirán en representantes improvisados en nombre de la espiritualidad y la religión por un lado, y de la ciencia por el otro.

Mientras tanto, sin embargo, quienes más sufrirán serán Marta Maria y sus hijos, encabezados por la hija mayor, Caterina. Serán dos mujeres fuertes y convencidas de lo que deben hacer, aunque aquello a lo que se enfrentan no tenga nombre... o mejor dicho, tenga un nombre propio que no quieren volver a oír jamás. Pero igualmente el terror se extenderá por todas las casas y por todas las familias.

Carlos J. Sánchez pisa fuerte con una prosa firme y sin fisuras, que nos perturba a veces describiendo imágenes impactantes o instándonos a permanecer sobrecogidos bajo túneles de oscuridad. La premisa inicial —que no desvelaremos aquí— irá cobrando forma y nos conducirá hacia un final que, si bien quizá es un poco más relajado de lo que las expectativas preveían, nos deja el nivel de la trama sobrenatural muy alto, en unos niveles donde el simbolismo religioso pasa la mano por encima de cualquier posible pretensión que intente acercarse a una resolución científica.

«Ya no tendréis que temer a la muerte en el valle, ni sufrir dolor. Ya no tendréis que llorar a los muertos. Yo os llevaré ante el ángel y él nos cuidará a todos

Una novela, pues, que destaca por un escenario lúgubre, unas gentes que esconden secretos y una trama casi perfecta que nos introduce tanto en el corazón de los habitantes del pueblo como en el alma destrozada de quien ha sufrido abusos por parte de su pareja y ha tomado decisiones difíciles para seguir luchando para ver la luz al final del túnel. El terror sobrenatural puede también solaparse con el terror real de la violencia machista. Y una obra fantástica también puede convertirse en un escaparate donde alzar la voz contra esta lacra. Otros autores como Iván Ledesma lo mostraron en obras como L’altre costat y ahora Carlos J. Sánchez también lo ha conseguido, y con creces, en No haureu de plorar els morts.

No os la perdáis. Una novela intensa y bien trabajada, una historia sobre el miedo a aquello que ya conoces, pero servida de forma muy inteligente y fresca, con una ambientación excelsa, unos diálogos francos que acompañan a personajes creíbles y bien definidos y un inquietante misterio que se esconde bajo las piedras de Valldeplors.

«La verdadera oscuridad habita el subsuelo, cubierta de roca y polvo, encerrada en un ataúd por la propia tierra

Eloi Puig
18/03/2026

 

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