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El Mundodisco es un conjunto inmenso de novelas —cuarenta y una para ser exactos si dejamos de lado ensayos y otros formatos relacionados con la obra magna de sir Terry Pratchett—. Y, como es lógico, no todas las obras gustan por igual. En los viejos tiempos leí aproximadamente una veintena de novelas del Mundodisco y todas me parecieron, si no magníficas, al menos correctas. ¿Todas? No, hubo una con la que no conecté, a la que no supe descubrirle las virtudes (que las tiene) y solo me centré en los defectos (que también los tiene). Una novela que suspendió. Estoy hablando de El Segador.
En las notas que conservo del año 1996 (dentro de aquella inmortal base de datos que me hice con access), puedo encontrar sentencias desagradables como: «Decepcionante. Después de releer La Luz fantástica y Brujerías, este libro se queda cortísimo. Pocas dosis de humor, incluso llega a aburrir». Ahora tengo que confesar que no comparto aquella opinión de mi yo de hace treinta años. Por un lado, detecto que leí El Segador después de releer dos novelas divertidísimas del Mundodisco: la disparatada La luz fantástica y la casi perfecta Brujerías, que para mí siempre será una de las mejores aventuras que ha escrito Pratchett. Por tanto, podemos decir que las comparaciones son odiosas y que, a veces, conviene dejar reposar las lecturas del Mundodisco durante un tiempo. Pero también intuyo cierta apatía en un momento de mi vida en el que no tenía demasiado claro hacia dónde iba (ni con quién). Todo influye, especialmente si esperas leer una obra muy divertida y las expectativas no se cumplen.
Pero ya han pasado treinta años y ahora he vuelto a leer El Segador. Lo único que recordaba de la trama —y que me divirtió mucho entonces y también ahora— es que aparecía la Muerte de las ratas. Nada más. Y sí, ahora puedo afirmar que la historia me ha gustado, aunque no la considero ni mucho menos una de las obras más potentes de Pratchett. Y eso me lleva a pensar que El Segador suele ser una de las novelas de la saga que siempre aparece entre las mejor valoradas por los lectores. Pero, aunque ahora le he descubierto muchas más virtudes que defectos, para mí no está a la altura, por ejemplo, de su predecesora, Mort.
Analicemos un poco todo esto: El Segador es la segunda novela dedicada a uno de los personajes más queridos del Mundodisco: la Muerte (la magnífica cubierta de Marina Vidal deja claro que será el personaje más importante de la novela). Y esta vez, además, Pratchett le otorgó un protagonismo manifiesto; no quedó relegada a un elemento secundario como sucede en otras novelas.
Parece que la Muerte se ha jubilado. No de forma voluntaria, pero las instancias superiores han considerado que estaba acaparando demasiada personalidad y que quizá eso afectaría a su profesionalidad. Así que le han buscado un sustituto —al que le gusta el dramatismo— y han apartado a la Muerte de sus tareas. Todos deseábamos leer una aventura centrada en qué haría la Muerte ahora que... bueno, ya no tiene nada que hacer. Esto es importante porque, como lector, yo esperaba que las aventuras giraran alrededor de ese personaje de sonrisa eterna, modesto y cumplidor, que aparece —sin dramatismos— con una guadaña en la mano cuando menos te lo esperas. Y, en cierto modo, así es, pero el autor dio prioridad a las consecuencias de la retirada de la Muerte por encima de las experiencias de la propia Muerte dedicada ahora a asuntos más mundanos.
Pratchett nos plantea dos tramas paralelas: la de la propia Muerte y la de Bobinal Poons, un viejo mago que espera con resignación el momento de partir hacia el más allá (o lo que haya más allá, claro), pero parece que las cosas no funcionan correctamente, porque su espíritu regresa a su cuerpo (nadie ha venido a buscarlo y ha pensado que sería más cómodo volver a un lugar conocido donde, quieras que no, se está más calentito). Debo decir que, al principio, las aventuras de Bobinal Poons y del resto de torpes magos de la Universidad Invisible son muy divertidas (por ejemplo, las distintas maneras con las que intentan matar a un anciano que parece empeñado en no morirse). Pero la trama secundaria asociada a todo este batiburrillo de personajes que intentan averiguar por qué tanta gente no logra cruzar al otro lado acaba haciéndose un poco pesada.
Y es que nos encontramos con muchas buenas ideas (la mente de Pratchett parece no tener freno), como una médium carismática que se comunica con los espíritus, un perro lobo que se transforma en humano las noches de luna llena, un hombre del saco tímido... una serie de personajes originales y divertidos que, sin embargo, no parecen encajar demasiado en esta historia que transcurre principalmente por las calles de Ankh-Morpork (y, sinceramente, todo lo relacionado con las ciudades vivas no terminó de convencerme).
Como curiosidad, contemplaremos un pequeño crossover con el sargento Colon de la Guardia de la Ciudad. Y como detalle estimulante: en dos conversaciones se menciona a El asombroso Maurice y sus roedores sabios... ¡Unos diecisiete años antes de que Pratchett escribiera su novela sobre estos personajes!
Pero, volviendo a nuestro tema: todas estas aventuras por Ankh-Morpork con los magos haciendo y deshaciendo desvían constantemente nuestra atención del personaje estrella al que realmente queremos seguir: la Muerte. Porque nuestra entidad favorita se dedica ahora a segar campos de trigo bajo la mirada de la señora Escapolar, una mujer ya mayor que acaba de perder a su marido y que ahora contrata jornaleros para las tareas más duras. Y la Muerte se siente allí como en casa. De hecho, eso de segar se le da de maravilla. Y aquí, en esta trama principal, hay mucha filosofía y momentos de reflexión que transcurren mientras la Muerte observa el comportamiento de los humanos desde otro prisma (ahora ya no lo hace por trabajo, digámoslo así). Y me encanta porque el humor no se pierde en ningún momento, pero al mismo tiempo nos ofrece escenas sensibles. Es justo lo que buscaba.
Y es que la novela tiene un gran final. Reflexivo y con un toque sentimental. Precioso, diría. Pero el problema no está ahí, sino más bien en la extensión y en las páginas que se dedican a los efectos de la retirada de la Muerte (en forma de magos alocados corriendo por la ciudad) y no tanto al personaje al que está consagrada esta historia
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Una novela, pues, marcada quizá por cierta desigualdad entre sus dos tramas principales. La primera historia del Mundodisco que se me hizo excesivamente larga. Pero después de la relectura (y quizá porque ahora me encuentro en un momento más animado de la vida), la lectura no se me ha hecho pesada en absoluto. Puede que no entre en mi top personal del Mundodisco, pero, oye: ¡es una novela de Terry Pratchett! Así que ya sabéis a qué os enfrentáis: al humor inteligente marca de la casa y a personajes a los que acabas queriendo, sean de aquí o del más allá.
Eloi Puig
19/07/2026
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