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Iván Ledesma vuelve a traernos una historia de intriga que bien podría ser una mezcla entre sus obras más propias del género negro y su universo demoníaco, aunque esta vez con solo toques muy leves de este último.
Estoy hablando de El llanto del cuco, una novela coral, de excelente ambientación y que se desliza entre nuestras manos casi sin darnos cuenta, ofreciéndonos escenas impactantes y, sobre todo, grandes personajes que, acompañados por un escenario inhóspito y decadente, nos conducen por un thriller negro como el carbón.
La Colmena es un conjunto de torres residenciales de la periferia, viejas, deterioradas y, sobre todo, sin ningún interés en ser remodeladas. En ellas viven cientos de familias repartidas en decenas de pisos y puertas. Todo un pueblo según se mire, una comunidad. Es como un pequeño hábitat de insectos hambrientos, con personas que malviven y salen adelante como pueden, sabiendo que probablemente nunca podrán permitirse pagar un piso mejor en la ciudad. El barrio parece medio abandonado por la desidia de un ayuntamiento que trata de olvidar que este lugar existe.
Se llama La Colmena, pero sus habitantes no son abejas; más bien parecen hormigas, o cucarachas que corren a esconderse antes de que alguien las pise. Aaron es un niño de cuatro años que vive con su madre depresiva y una abuela enérgica. Sus padres están separados, pero él, Albert, viene a recogerlo puntualmente como siempre. Lo espera abajo, como cada día, y sueña con poder apartar a su hijo de aquel ambiente. Aaron sube al ascensor del piso 37, pero nunca llega a la planta baja. Desaparece.
Ledesma nos lleva cuatro años adelante en el tiempo. Nunca encontraron a Aaron y la familia lo ha dado por perdido. Esta es una historia que se mueve entre el terror de la incertidumbre de este tipo de desapariciones y la angustia por la incapacidad de hacer nada. La madre sigue perdida, el padre intenta rehacer su vida, pero aquí se sumarán otros personajes, todos interesantes, a través de cuya mirada descubriremos conductas inapropiadas, personas de carácter sospechoso, relaciones extrañas o actitudes que provocan miradas de temor y de odio.
Todo ello dentro de esta Colmena de siete torres —una se derrumbó hace años— donde varios personajes intentarán averiguar hechos relacionados con la desaparición del niño. Ledesma tiene una gran capacidad para ofrecernos un retrato bastante preciso del carácter de la gente y consigue que creas que los conoces de toda la vida con apenas cuatro pinceladas descriptivas de sus personalidades, de los trabajos que desempeñan o del piso en el que viven. Además, ha establecido una abundancia de personajes femeninos de fuerte temperamento, o al menos con razones para sentirse vencidos por las circunstancias. En cambio, Albert, el padre de Aaron, la persona que se supone que ha reconducido su vida con otra pareja y una hija recién nacida, nos resulta sumamente patético a pesar de las circunstancias y de la culpa que arrastra. Todo ello en una confrontación de terror psicológico determinada por la extraña desaparición de un niño de cuatro años.
Todos ellos construyen una red de individuos que, como decía, Ledesma perfila en pocas líneas y de los cuales tendremos que sospechar en todo momento. Porque el autor no oculta que alguien secuestró a Aaron. Algunos capítulos están dedicados a ese misterioso personaje al que se refiere como «Quien lo hizo».
Al igual que en otras memorables novelas de Ledesma, como por ejemplo Ante dioses indiferentes, la estructura sigue pautas muy marcadas en forma de cambio constante de personajes en capítulos cortos, diseñados para dejarnos siempre con ganas de seguir devorando la lectura. Y, claro, las páginas vuelan bajo una prosa sencilla y efectiva que no nos deja respirar a medida que nos adentramos en la oscuridad de los corazones de quienes habitan las torres de La Colmena.
Toda la novela nos prepara para un final extraño que, sí, resuelve el caso sin problemas, pero en el que Ledesma vuelve a introducir ciertos personajes recurrentes en algunas de sus novelas que quizá te dejan un poco descolocado. Por lo que tengo entendido, El llanto del cuco guarda una estrecha relación con una novela anterior, El rito circular, con la que comparte escenario y algunos personajes. Aún no he tenido el placer de leerla, pero seguro que entonces entendería mejor ciertos aspectos de la trama. Caerá pronto, seguro.
En cualquier caso, El llanto del cuco es una novela en la que el 95 % de su contenido es autosuficiente y cerrado, y con la que podemos disfrutar sin problemas. La encontramos a la vez en castellano y en catalán, ya que Ledesma lleva tiempo publicando sus novelas en ambos idiomas. Y en este caso, la editorial Dolmen es quien apuesta también por publicarla en catalán.
Eloi Puig
01/03/2026
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