Òxid sobre òxids
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ÒXID SOBRE
ÒXIDS

(2019)

Maria Hernández

Editorial:
Pagès Editors
(2019)


Colección:
Ciència-Ficció

Núm:
31

Páginas:
197


 
     
Òxid sobre òxids

La veterana colección Ciència-ficció de Pagès Editors ha alcanzado una nueva etapa, ahora dirigida por Daniel Genís, Esto ha significado algunos cambios en el aspecto formal de los libros que han favorecido visualmente esta colección ya clásica de colores púrpura y plata. Por cierto que el púrpura sigue presente y recalca la continuidad de un proyecto que durante décadas dirigió el incombustible Antoni Munné-Jordà.

La presente novela es la número 31 de la colección y arranca con una tradición ya clásica al publicar el premio Manuel de Pedrolo-Ciutat de Mataró que el año pasado ganó precisamente esta novela: Òxid sobre òxids

Pero vamos a lo que nos importa: Maria Hernández nos ha presentado una novela con aciertos pero también con desencantos. Óxid sobre òxids es la pequeña (o gran) epopeya de un viaje a Marte y especialmente de su protagonista, Iuri Ferrer, que se embarca en solitario hacia nuestro vecino rojo. La primera parte del libro explora brevemente como Iuri fue seleccionado entre cientos de candidatos para entrenarse como astronauta y lanzarse a una aventura que le cambió literalmente la vida. Sí, aquí el lector comienza a pensar que no es normal que un civil sin entrenamiento ni experiencia pueda ser admitido (y más en solitario) para una misión tan importante. Lo cierto es que esta incongruencia la autora la salva al final de la novela con explicaciones más o menos razonables pero que no acaban de eliminar la sensación de que nos arrastra una cierta de falta de credibilidad durante toda la lectura

La segunda parte es la más interesante y nos acerca a la vida cotidiana en la superficie de Marte. Esta aventura es, sin embargo, muy introspectiva, alejada de la diversión y la tensión que podíamos leer por ejemplo en una novela con premisas similares como es El marciano. Es un relato lento, pasivo, que nos quiere llenar de detalles para que cada lector se vaya creando su propia historia de lo que está pasando en Marte con Iuri, que sólo interactúa con mensajes de vídeo provenientes de la Tierra.

Lo primero que nos sorprende son las visiones al que se ve sometido nuestro protagonista. A Òxid sobre òxids vemos rastros incuestionables de un clásico como Solaris que nos hacen pensar en un pequeño homenaje pero sin la profundidad literaria y casi cósmica de aquel clásico. Ojo, ¡No estoy criticando la propuesta que nos hace María Hernández! Muy a menudo, los lectores, nos vienen referencias a la cabeza de otras novelas por el simple hecho de haberlas leído antes. Y las ideas de Stanislaw Lem han influido en multitud de obras de todo tipo. Como decía, Iuri, una vez en Marte comienza a percibir imágenes y situaciones que parecen irreales y que la autora nos transmite con notable maestría: Imágenes oníricas, a menudo integradas bajo parámetros sexuales que provocan en Iuri cierto delirio, como es normal, y que lo animan a abrir la mente a posibilidades a priori fuera de todo raciocinio.

Me gusta mucho este fragmento que ilustra lo que estoy comentando (La burda traducción es de un servidor):

"... De hecho, desde que puse los pies en este planeta que tengo sensaciones muy extrañas, al margen del frío, el cansancio, la escasa gravedad y todo el rollo, con que ya contaba. No sé... me hace la impresión de que bajo este suelo aparentemente estéril se esconde una presencia vaga, y al mismo tiempo, muy viva. Y me observa. Porque, donde quiera que sea, estoy convencido, tiene ojos. "

Lo cierto es que la cita es muy buena pero nos engaña. Parece soltarnos con sutileza un mensaje que podría devenir terrorífico, inquietante. Pero aquí es donde la autora se ausenta un poco de profundizar en él y divaga un poco por la trama. En esta parte central del viaje por Marte se relaja provocando que la lectura pierda fuerza.

Por el contrario, las ideas esbozadas al final de la novela son muy interesantes pero poco explotadas. Casi que esta referencia al planeta se queda difuminada por los secretos que descubre nuestro astronauta. La trama, pues, es más elaborada de lo que aparenta a priori y sí, la autora sabía perfectamente lo que escribía a pesar de parecer que se dejaba la coherencia por el camino. ¡Hay que esperar y leer hasta el final! Pero también es cierto que el ritmo ralentizado y las escasas sorpresas (por interesantes que sean) de la conclusión del libro nos dejan un sabor algo agridulce: Por un lado aplaudimos la especulación que nos ofrece Hernández, no tanto para un viaje más a Marte sino por las propuestas científicas en torno a la biología que nos depara el final del libro. Pero por otro lado la introspección de nuestro único protagonista con sí mismo y con los correos y videos que recibe no es especialmente estimulante (por mucho que en el fondo forme parte importante del entramado argumental) y nos deja un poco cabizbajos.

Así pues, esta primera novela de María Hernández merece una lectura para comprobar cómo la autora ataca su particular misión de mantenernos interesados ​​en un arco argumental con un solo protagonista. Quizás el logro de objetivos como podrían ser abrirnos los ojos de sorpresa por sus conclusiones finales o simplemente hacernos partícipes del sentido de la aventura se queda en un segundo plano con muchas posibilidades de mejorar.

Particularmente he entrado de lleno en el libro cuando Iuri llega a Marte, o sea en la segunda mitad de la novela y me he sentido muy cómodo con las descripciones fantásticas y como decía, oníricas, de formas e imágenes imposibles pero que literariamente tenían mucho empuje. Quizá cuando la autora nos describía los asuntos más mundanos de Iuri (y algunos flashbacks innecesarios) es cuando me he dado cuenta de que Hernández levantaba el pie del acelerador y la novela se acomodaba demasiado, en mi modesta opinión.

Interesante, pues, y con una idea innovadora que pedir por pedir, me gustaría se explotara más a fondo. En cambio creo que las ideas más dirigidas alrededor del fragmento que he citado antes quedan demasiado poco iluminadas y sin respuestas eficientes.

Sea como sea, es una aportación fresca al nicho de la ciencia ficción en catalán más especulativa y eso se agradece.

Eloi Puig
07/10/2019

 

Premios:

2018 Manuel de Pedrolo

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