la colonia perdida
CF/ SPACE OPERA
 
     
 
 
 
 

LA COLONIA PERDIDA
The last colony
(2007)

John Scalzi

Editorial:
Minotauro
(2009)


Colección:
Kronos

Núm:
---

Páginas:
301

Serie:
La vieja guardia /3

Lecturas relacionadas:
La vieja guardia
Las brigadas fantasma
La historia de Zoë


 
     
La colonia perdida

John Scalzi se está convirtiendo en todo un experto narrador de space opera. Cierto es que por ahora sólo he leído las novelas que ha dedicado a la serie de La vieja guardia, pero todas ellas son bastantes interesantes como para que el lector espere con interés una nueva entrega. Un poco como pasa con la serie de Miles Vorkosigan, donde las novelas tienen un escenario común, unos personajes identificables, pero siempre intentan darte una visión del universo en cuestión desde otro ángulo, o bajo unos parámetros diferentes.

La Colonia perdida completa - por ahora- la serie iniciada en La Vieja guardia y seguida posteriormente por Las brigadas fantasma; y al igual que éstas, tiene un carácter propio e independiente aunque se aconseja leer antes las otras novelas, aunque sea solamente para no perderse algunos detalles. La novela cierra un círculo iniciado en nuestra vieja Tierra, un planeta que aparentemente no entra en las grandes decisiones de las razas que dominan la galaxia, con el reclutamiento voluntario de un hombre de 75 años para convertirse en soldado que nos abrió las puertas a un universo desconocido por los terráqueos y que ahora con La colonia perdida el autor vuelve a poner en el punto de mira.

Decía antes de que Scalzi nos explica las cosas bajo otros parámetros. Si en La Vieja guardia teníamos una introducción al universo hiperpoblado de razas alienígenas y a las Fuerzas de Defensa Coloniales, y en Las Brigadas fantasma al autor nos introducía muy hábilmente en la mente de algunos soldados creados a partir de ADN de personas muertas, la presente novela se toma las cosas con más filosofía y nos acerca a los problemas de colonización de un nuevo planeta, siempre pero con el trasfondo del universo de las novelas, que en este caso se traduce en las manipulaciones que sufren a los colonos por parte de la unión Colonial para ganar batallas -ni que sean psicológicas- contra el cónclave, aquella unión de razas alienígenas que pretende detener la expansión desmesurada de la humanidad.

Los personajes son los protagonistas de la primera y de la segunda novela, ahora viviendo juntos y con la hija, Zoe, adoptada. Pero quizás la carga protagonista cae más en John Perry, nuestro héroe -ahora nonagenario- de La Vieja guardia, más que en su mujer Jane Sagan, que ejerce más de acompañante. Quizás también habría que hacer referencia a algunos personajes secundarios, más desarrollados que en otras novelas, como la secretaria de Perry o el general alienígena. Unos personajes que aportan su grano de arena en la trama y que son de agradecer para descargar un poco la omnipresencia de Perry.

En La Colonia perdida no encontraremos tanta acción como en otras novelas de la serie; sí en cambio mucha diplomacia, política y traiciones que mantienen un nivel de suspense aceptable. También los diálogos, francos, sin rellenos innecesarios son un elemento a destacar. Son la marca de la casa. La trama gira aquí entorno a cómo actúa el cónclave y podremos hacernos una opinión sobre aquello que ya sospechábamos antes sobre la humanidad: que nosotros somos el verdadero peligro para la galaxia. Todo eso en una aventura diferente y entretenida. Puede que no llegue a alcanzar a la originalidad de sus predecesoras pero mantiene un buen nivel narrativo y no se deja arrastrar por los peligros que comporta ir ampliando un universo. Quizás echamos de menos un elemento que en las otras novelas siempre estaba, aunque aparentemente poco importante: los comu, una raza superior a nivel tecnológico y filosófico a todas las otras que en esta novela se ha dejado de lado... quizás más adelante el autor le dedicará más atención.

La Colonia perdida sigue la tradición de las buenas series de space opera ofreciéndonos a cada entrega nuevos detalles pero manteniendo un mismo patrón argumentativo siguiendo pues la estela de aquella máxima: "si funciona, no lo toques". Si a la Lois McMaster Bujold le funcionó... ¿Porqué a John Scalzi no?

Eloi Puig, 14/06/09

 

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