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El segundo volumen de la saga de Matabot, Condició artificial, salió puntualmente traducido pocos meses después de Tots els sistemes en vermell, la novela corta de Martha Wells que nos abrió las puertas a un universo por descubrir y nos permitió conocer, de forma divertida, cómo una IA que piratea su módulo de control toma conciencia de sí misma y cómo interactúa, de manera más o menos humorística, con los humanos que se dirigen a ella.
Y aunque las novelas, siempre breves, son prácticamente autoconclusivas, seguir los vericuetos por los que nuestro robot de Seguridad va averiguando partes de su pasado siempre es un aliciente para seguir disfrutando de la saga. Y más aún si la buena gente de Duna Llibres y Maria Rosich, su traductora, nos acercan un nuevo volumen cada dos o tres meses. ¡Y es que acaba de salir el tercero, Protocol Rebel!
Podría deciros que, teniendo los volúmenes de forma tan continuada y constante, no hay excusa para seguir aplazando el momento de ponerse a devorar esta saga, que especula con las IA en un universo muy variado y rico, donde la humanidad se ha extendido por cientos de sistemas solares y las formas de gobierno son tan diferentes como curiosas. Desde grandes megacorporaciones planetarias hasta pequeñas comunidades que poseen sus propias leyes.
Nuestro protagonista desea encontrar respuestas sobre las partes de su pasado que desconoce desde que pirateó su sistema de control. Por este motivo, viaja a las minas donde ocurrió la masacre. Quiere saber realmente si fue él quien la provocó o si fue víctima de las circunstancias del momento. Tenemos, pues, una novela de corte policíaco en la que Matabot tendrá que volver a proteger a unos cuantos humanos mientras se hace amigo de una IA mucho más avanzada que él. Y si hasta ahora tenía potestad para hacer y deshacer a su antojo, comprobará que existen inteligencias más avanzadas que la suya y, cómo no, también más curiosas. Se trata del TIM (Transporte de Investigación Malparit), la IA de una nave de carga... que parece que también se aburre mucho.
Lo que sí que no ha perdido nuestro Matabot es su afición por consumir horas y horas de ocio generado por los humanos, especialmente los larguísimos seriales televisivos. Una de sus máximas para no haberse dedicado a eliminar humanos es: «Si no hubiera humanos, ¿quién haría series?»
La novela sigue sorprendiéndonos en aspectos como el worldbuilding de este universo repleto de humanos y humanos aumentados, androides y androides con tejidos humanos (cíborgs), e IA de todo tipo. Todos conviviendo de forma más o menos armoniosa, algo que me recuerda, al menos en este aspecto, a la serie de La Cultura, de Iain Banks.
Para mí, lo mejor de esta serie es la comprensión de las costumbres y de la sociedad humana que se despliega ante los sensores de Matabot: cómo interactúa con ella, cómo piensa o medita sobre lo que significa ser humano, sin abandonar nunca ese punto de humor corrosivo que ya lo caracteriza:
«Los humanos jóvenes pueden ser impulsivos. El truco consiste en mantenerlos vivos el tiempo suficiente para que se conviertan en humanos viejos».
En cambio, para mi gusto ha perdido un poco de frescura respecto a la primera entrega, probablemente porque ya conoces las manías de Matabot y su humor, que rozaría la ironía si no fuera porque quien habla es un androide autoconsciente. Y la trama principal de esta segunda entrega —proteger a unos jóvenes que quieren recuperar unos archivos robados por una gran corporación— quizá no resulte tan apasionante (lo es más el trasfondo de la propia historia de Matabot).
Pero, sea como sea, dado que son propuestas breves, muy entretenidas y que siguen un hilo argumental que cada vez parece más adictivo, continúo recomendando su lectura. Pasaréis una plácida tarde divirtiéndoos con unas IA que campan a sus anchas por un universo más peligroso de lo que imaginaban.
Eloi Puig
18/10/2026
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