CF- CIBERPUNK
 
     
 
 
 
 

ESTACIÓ BOIRA
(2018)

Enric Herce

Editorial:
Males Herbes
(2018)


Colección:
Distorsions

Núm:
51

Páginas:
257

Otras ediciones:
No existen ediciones en castellano

 
     
Estació Boira

La publicación de Estació Boira (Estación Niebla) por parte de la transgresora editorial Males Herbes significa dos buenas noticias: La primera, el retorno de Enric Herce a primera línea de fuego con una obra de pura Ciencia ficción, un autor que poco a poco se consolidando como una de las apuestas más frescas del género en catalán. La segunda buena nueva es poder disfrutar de una novela ciberpunk en nuestra lengua, algo poco habitual cuando la ciencia ficción en catalán parece decantarse (excepto en honrosas excepciones) para atacar las distopías.

Enric Herce, pues, se atreve a llevarnos una novela que bebe tanto del cyberpunk de los ochenta (recordamos especialmente la Trilogía Ciberpunk de George A. Effinger) como de finales de los noventa con novelas más conocidas como El Sueño del Rey Rojo de Rodolfo Martínez o Carbono alterado de Richard Morgan. Este sub-género comparte por un lado la ilusión de un mundo distópico gobernado por multinacionales donde la tecnología es implantada literalmente en el cuerpo de las personas y por otra esta sensación de suciedad, barrios bajos, corrupción y decadencia generalizada que tanto bien se plasmó en películas como Blade Runner.

El autor, sin embargo, va más allá y experimenta con una prosa efectiva sin capítulos y con diversos estilos que combinan la narración en tercera persona, tanto en el pasado como un presente cargado de dinamismo, como las mismas noticias de televisión. Es un golpe, al principio, un poco duro pues no sabemos cómo situarnos cómodamente con la lectura de la novela. Sin embargo, esta sensación va pasando mientras te acostumbras a la propuesta de Herce.

La Estació Boira que da nombre a la novela es una infraestructura espacial diseñada para acoger a los miles de terrestres inmigrantes que huyen de las miserias de la guerra o para buscar mejores oportunidades. No queda muy claro si la Estación es independiente o pertenece a algún organismo supranacional o en alguna empresa en concreto pero la cuestión es que el escenario está servido. Allí, Max, un policía que esconde un extraño secreto personal, patrulla buscando a quien no consume la droga obligatoria dictada por ley: El relev, una sustancia que inhibe la violencia a quien la toma y que permite controlar de forma mucho más eficiente a habitantes de la estación.

Pero los problemas comienzan cuando Max descubre otra droga de efectos contrarios que parece se está distribuyendo por los barrios bajos. Esto y su cada vez más dependencia a la tecnología de realidad virtual capaz de hacer revivir los recuerdos. Y Max tiene muchos recuerdos que no quiere olvidar. Lo cierto es que a Herce le funciona bastante bien combinar la acción y también el drama personal del protagonista aunque a veces puede que abuse demasiado de la utilización de diferentes tipos de flashbacks que rompen con mucha frecuencia la línea temporal. Porqué tenemos los flashbacks propiamente dichos de cuando nuestro protagonista era soldado librando batallas en la Tierra, pero también los recuerdos inducidos a que Max recurre a menudo y también incluso encontramos la lectura de un diario clave que ocupa un desmesurado espacio de 33 páginas que nos corta mucho el ritmo. Sí, este es uno de los pequeños problemas que he tenido: un ritmo desigual. He notado que estaba muy interesado en el presente de la vida de Max, en sus investigaciones o con las confidencias con su pareja del cuerpo de policía y en cambio cada vez que su mente nos trasladaba a las batallas con mechas, tanques etc en la Tierra me desinflaba un poco. No le veía demasiado el porqué. Tal vez los recuerdos constantes de su familia los he encontrado mejor combinados en la narración.

Y eso me lleva a comentar que si bien la capacidad narrativa de Herce es notable y que sabe apostar por una trama más que interesante, esta pierde fuerza con los mencionados cortes hasta el punto de que me he perdido en la novela y no he acabado digiriendo demasiado la parte final. El hecho es que ahora mismo desconozco si soy yo que he perdido atención leyendo o si es el autor que no ha sabido explicar con más eficiencia todo lo que nos quería decir. Porque el tema de las drogas es sólo la punta del iceberg de lo que nos ofrece Herce. Tenemos muchos temas abiertos que se mueven entre la robótica y las inteligencias artificiales, los complots de las megacorporaciones, las transferencias mentales, dichas drogas de diseño con sus implicaciones éticas... mucha información que ha sido repartida de forma desigual.

Y eso que entiendo, al igual que me pasó leyendo su última novela, Simulaciones de vida, que Herce realiza un gran esfuerzo para cerrar los hilos abiertos en una trama bastante ambiciosa. Pero tengo que reconocer que al no enterarme de la dirección que estaba tomando la novela en un momento dado me he quedado con un sabor agridulce. Creo que la historia necesitaba más páginas para ser narrada y a un ritmo más constante.

Como pequeño resumen final diré pues que Estació Boira es una más que correcta apuesta de Enric Herce para que disfrutemos de Ciencia-Ficción y sentido de la maravilla sin renunciar a cánones que todos conocemos de la novela negra. De hecho el Cyberpunk mezcla a la perfección los géneros de la ciencia ficción y la novela negra. Y eso, Herce lo consigue reflejar sobradamente. Lo que no tengo tan claro, como mencionaba antes, es que el autor haya sabido plasmar en poco más de 250 páginas todo lo que pretendía explicar en la trama argumental protagonizada por el ex-soldado y ahora policía, Max. Esto, lo tendrá que decidir cada lector!

Eloi Puig

07/11/2018

 

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