CF- EXPLORACIÓN
 
     
 
 
 
 

ANTISOLAR
(2018)

Emilio Bueso

Editorial:
Gigamesh
(2018)


Colección:
Novum

Saga:
Los ojos bizcos del Sol/2

Núm:
---


Páginas:
280

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Transcrepuscular
Subsolar



 
     
Antisolar
Emilio Bueso, el autor castellonense que está sacudiendo el sentido de la maravilla de la reciente ciencia ficción española con la trilogía Los ojos bizcos del Sol continúa su particular periplo simbiótico con esta segunda entrega de la saga: Antisolar.

Como su nombre indica, la novela está dirigida a introducirnos, ahora ya de forma poco sutil y más bien por la fuerza, a la exploración de la cara oculta de este planeta tan especial donde la vida sólo puede desarrollarse de forma correcta en la franja transcrepuscular, dado que el astro no tiene rotación propia y el Sol calienta (o no) por igual manera las mismas áreas. Y precisamente esta segunda novela nos volverá a mostrar cómo un grupo de humanos y simbiontes huyen, exploran, investigan y en definitiva nos trasladan sus inquietudes sobre todo lo que van encontrando en esta parte del mundo tan inexplorada.

A pesar de los pequeños cambios con que Bueso nos condiciona al principio de la novela respecto a personajes como el Alguacil no he notado ninguna evolución drástica de la trama. Y eso, creo, que se debe a que en este segundo volumen nos acerca más al pasado que al futuro, nos quiere acercar de forma directa o indirecta a que el lector se pregunte "¿Qué diablos pasó aquí?" ¿Por qué los humanos se integraron de esta manera tan profunda con los simbiontes ? De hecho, comienza aquí una cierta crítica a la relación simbiótica que encontramos en algunos sociedades aisladas donde la vinculación es mucho más profunda. ¿Quién domina a quién? ¿Los humanos hacen lo que quieren o sus decisiones son predeterminadas por sus simbiontes? O realmente los humanos se aprovechan de las capacidades simbióticas que les ofrecen sus huéspedes? Son preguntas que Bueso se encarga de formular pero que no acaba de definir, quizá porque preparará más sorpresas más adelante.

Pero si afirmo que esta segunda entrega mira más hacia el pasado que hacia el futuro es porque descubrimos aquí una tecnología, una ciencia perdida que en la franja transcrepuscular no existía. Y estoy hablando de tecnología eminentemente de origen humano, lo que nos lleva otra vez a preguntarnos sobre "¿Qué carajo pasó aquí?" De forma cada vez más frecuente y que éste sea uno de los motores que nos animan a continuar trama.

Naturalmente Bueso esconde ases bajo la manga, encubre aspectos de la novela y de algunos de sus protagonistas de forma premeditada y visceral (como debe ser, claro). Porque algunos de ellos tienen información, y mucha pero no la comparten en voz alta con sus colegas. Ya sabéis:

El trapo sabe.

Oh sí! El trapo, este ser indeterminable que acompaña las expediciones del curioso grupo encabezado por nuestro Alguacil en la parte oscura del planeta, en la inmensa negrura, fría y teóricamente sin vida. Sabe. Y conoce muchas más cosas de las que dice. Y lo cierto, ahora que nos hemos acostumbrado a sus exabruptos, a su lengua viperina, a sus comentarios lapidarios y en definitiva al lenguaje coloquial con que los diálogos fluyen putamente por toda la obra, ahora es cuando la novela consigue un cierto efecto balsámico pues ya no nos sentimos sorprendidos por su presencia y por su incómodo palique. Sin embargo sigo quejándome en voz baja que algunos personajes están poco tratados y que acompañan el grupo sin demasiado interés para el lector. También me miro un poco con ojos críticos la opacidad de la trama argumental que sigue al servicio del sentido de la maravilla desplegado en este extraño mundo transcrepuscular (o antisolar en este volumen).

La ambigüedad con que el autor describe ciertas escenas para no manchar esta ingenuidad de los viajeros transcrepusculares con la tecnología moderna, provoca que el lector (al menos yo) salga medio preocupado por no entender a que se refería Bueso cuando describía animales fabulosos o ciertos vehículos híbridos . Supongo que es parte del juego pero reconozco que más de una vez me ha dejado trastornado por no entender a qué se enfrentan los protagonistas. Parece que las pistas nos indiquen el camino, sí, parece que muchos aspectos se resolverán al final de la saga, sí, pero durante el viaje me he visto en algunos momentos incómodo por no entender las motivaciones de unos personajes o la trama desplegada por Bueso.

Pero naturalmente, la novela también tiene una mirada hacia el futuro, una mirada directamente dirigida a la tercera parte, Subsolar. Y esta consiste en captar de reojo movimientos que el autor deja entrever sobre la Gran Colonia que podría dominar la biosfera planetaria. Son teorías, elucubraciones, pequeñas dosis de fantasía gaiana si queréis, pero que son realmente uno de los puntos de interés que más me han atraído de la novela. Esta visión holística donde todo parece conectado.

Pero... el trapo sabe. Y quien hace hablar al trapo es Emilio Bueso. A veces me lo imagino interactuando con su mano rodeada de un paño viejo mientras piensa como sorprender aún más al lector, mientras medita cómo integrar más aberraciones simbióticas en la novela o cómo hacer aparecer cada vez más tentáculos (cosa que siempre agradece). Es un pensamiento que me deja fascinado y esperanzado a la vez, todo hay que decirlo.

Antisolar quizás pierde algo de frescura, lógica, por otra parte si la comparamos con su predecesora pero también nos abre más incógnitas y puertas que queremos resolver como sea.

Y ahora, a esperar Subsolar...

Eloi Puig,

21/07/2018

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