La vida secreta de los bots y otros relatos
CF- ANTOLOGÍA
 

LA VIDA SECRETA
DE LOS BOTS
Y OTROS RELATOS

(2017)

Varios autores

Editorial:
Gigamesh
(2020)


Colección:
Gigamesh Breve

Núm:
11

Páginas:
272

Traductores:
Ainara Echaniz
Elena Macian Masip
María Alfonso
Teres Jarrín
Salvador Tintoré

Ilustradores:
Javier Rodríguez
Ana Oncina

Albert Monteys
Natacha Bustos
Jordi Pastor

Fernando Blanco




   
La vida secreta de los bots y otros relatos

Hace dos años Gigamesh reconvirtió el formato de su colección Gigamesh Breve y comenzó a publicar estas obras en tapa dura en una edición deliciosa. La primera fue la aclamada Nightflyers —de la que soy muy fan— y poco a poco la editorial ha reeditado algunos otros títulos, algunos de los cuales ya había regalado por Sant Jordi. Esta vez, la editorial de la calle Bailén ha apostado por recuperar los cuentos (que hace muchos años sacaba en la Revista Gigamesh) y vuelve a publicar antologías de autores de primer orden, finalistas y ganadores de varios premios. Y lo ha hecho por partida doble con dos volúmenes de donde han recogido los mejores relatos que el antologista Jonathan Strahan recopila anualmente, divididos entre los publicados en 2017 y en 2018

Sobre La vida secreta de los bots y otros relatos —que es lo que ahora nos ocupa— diremos que se trata de cuentos de gran nivel donde podemos encontrar un abanico ecléctico sobre cómo ver la ciencia ficción, a veces de forma muy intimista, entrañable, otras desplegando el sentido de la maravilla en plena efervescencia. Otra visión que Gigamesh ha potenciado a la hora de escoger los relatos es la diversidad del origen de los autores, con visiones que provienen de EE.UU., de Singapur, de la India o del Caribe por ejemplo... y que encuentro muy acertada. Cada relato contiene una ilustración de portada de artistas como Javier Rodríguez, Ana Oncina, Albert Monteys, Natacha Bustos, Fernando Blanco o Jordi Pastor (el cual también ha llevado la novela Transcrepuscular de Emilio Bueso al cómic, recientemente).

El primer relato de la recopilación es "Zen y el arte de mantenimiento de naves espaciales" de Tobias S. Buckell. En una galaxia ocupada por la humanidad donde conviven miles de planetas, guerras y nuevas formas de vida, un formista (humano que venera la forma de visa primigenia) le generará un conflicto a un robot de última generación (que por cierto, parece obedecer de esa manera las leyes asimovanas). El favor que le pide el formista es la excusa para que el autor ofrezca especulaciones tecnológicas que son puro sentido de la maravilla. Incluso tenemos un agujero negro y lo que representa para la teoría de la relatividad en el centro de la historia. Pero he encontrado una trama demasiado cargada de información y gestionada de forma muy rápida, como para dar paso a una maravilla más cada párrafo. No me he sentido muy integrado a la historia.

"Veredas" de Maureen McHugh es un relato mucho más reposado. Una aproximación diferente a los viajes en el tiempo a través de una logopeda que ayuda a una mujer extraña que no habla inglés. Enseguida ves por dónde van los tiros pero esto no quita que la historia resulte acogedora por como nuestra protagonista investiga el origen de la extraña. El final es un poco repentino quizás. Notable justito.

Pero llegamos al cuento que da nombre a la antología: "La vida secreta de los bots" (Premio Hugo 2018) de Suzanne Palmer. Un excelente relato sobre los secundarios que toda buena historia tiene escondida. Aquellos personajes invisibles que hacen todo funcione. No sé si recordáis un grandísimo episodio de la serie Babylon 5, "A view from the gallery" (creo que era) donde el punto de vista estaba tratado desde el personal de mantenimiento de la base, y no bajo el de los protagonistas principales. Pues aquí pasa lo mismo: Los robots de mantenimiento y la IA de una nave que se adentra en el espacio en una misión suicida para salvar a la Tierra son las grandes estrellas de esta historia. Y el trato muy cálido que la autora establece en estos pequeños personajes que viven para servir a los humanos y a la nave. Unos diálogos entre varios androides y el bote 9, un robot anticuado que se le devuelve al servicio por la falta de efectivos, será uno de los puntos fuertes de este relato tan entrañable.

Pero si este cuento me ha encantado, del siguiente me quito el sombrero. Indraprami Das nos ofrece el mejor relato de la recopilación en "La Luna no es un campo de batalla". Una narración muy fluida y sugerente y un diálogo entre dos interlocutores muy diferentes: Uno es periodista y la otra una soldado asura (en la mitología hindú, guerrera, semidiós) que ya está retirada de primera línea de fuego. A través de una magnífica conversación la asura rememorará sus inicios como defensora de una base lunar india, de cómo vivía y de cómo moría gente a su alrededor. Es un relato, no obstante, antibelicista que combina con mucho acierto la nostalgia por el pasado con las dificultades propias de los veteranos de guerra, con el añadido aquí que estos soldados que han vivido media vida a nuestro querido satélite lo tienen muy mal para reintegrarse a la gravedad y a la vida de la Tierra. También es una historia que pone la esperanza en el viaje interestelar como medio para que este planeta nuestro aparque las diferencias:

Es un recordatorio de que no somos dioses. Por eso aún rezo, a los dioses o al Dios único, lo que sea que esté más allá de la heliosfera. Rezo para que los hombres que viajen más allá de la luz y conozcan el resto del universo encuentren allí la gracia y un modo de acercarnos más a lo divino. Que encuentren mundos donde podamos empezar de cero y no haya necesidad de soldados para luchas, solo de guerreros que nos defiendan de peligros de los que sean heraldos ellos mismos; mundos donde las ciudades no tengan arrabales llenos de gente que cargue a la espalda la valentía necesaria para sostener el resto de la humanidad”

Mucha sensibilidad pero sin nunca ser empalagosa, un cuento de alta calidad literaria que te transporta a un escenario cercano y que te hace soñar con tecnología posible pero sobre todo con sentimientos muy humanos en torno a un hipotético —y romántico— futuro sin guerra de la humanidad. Es un relato perfecto.

Continuando con estos relatos más pausados, encontramos "El obelisco marciano" (Premio Locus 2018) de Linda Nagata, un cuento en tono crepuscular de los que me gustan. La premisa es simple: No hay esperanza para una tierra moribunda y para sus colonias en lugares tan distantes como Marte. No importa el porqué pero parece que el declive, suave pero firme, ya ha superado el umbral de no retorno. Una arquitecta de prestigio dedica sus últimas décadas de vida a erigir un monolito, un obelisco, en las arenas inmutable de Marte. Allí, una vez acabado, permanecerá al menos 1000.000 años y será el último vestigio de la humanidad. Para llevar a cabo esta tarea desde la tierra utiliza robots y vehículos autónomos pero de repente detecta un problema que la llevará a tomar una decisión drástica. Esta es una historia que tiene a la esperanza como elemento definitorio, también el recuerdo, el cansancio ahora que la Tierra esté abocada a la destrucción. Soy bastante aficionado a estas crónicas fatalistas y decadentes. Quizás el tono me recuerda obras como Muerte de la luz y su planeta que será olvidado próximamente. En cualquier caso es una temática que me atrae mucho.

Y acabamos con una historia simpática que me he disfrutado mucho también: "Una serie de chuletones" de Vina Jie-Min Prasad. Aquí, una tecnología tan cercana (que de hecho ya funciona como tal) como es la impresión de alimentos es la base para desarrollar una trama que combina el relato negro a través de la extorsión a una chica que imprime falsificaciones de chuletones de ternera y la ciencia ficción por como de detallista e irreconocible puede llegar a convertirse un corte de carne que no ha sido extraído de una vaca ecológica. Si añadimos que nuestra delincuente tiene como ayuda otra chica con un pasado oscuro y que los diálogos entre ellas y la manera en que la autora nos presenta la historia es simplemente deliciosa, me lleva a valorarlo de manera excelente. El final, muy cinematográfico pero efectivo también es muy bueno. Tal vez es la trama de ciencia ficción de esta recopilación que más pronto sucumbirá a la tecnología.

Un muy buen recopitalorio pues, con joyas como "La Luna no es un campo de batalla" y "La vida secreta de los bots" que están acompañadas de otros cuentos muy notables. Muy contento que Gigamesh haya volcado la atención de nuevo a los grandes relatos.

Eloi Puig

05/01/2021

 

Premios:

2018 Hugo por "La vida secreta de los bots"

2018 Locus por "El obelisco marciano"

 

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Relatos que contiene esta antología:
Zen y el arte del mantenimiento de naves espaciales (Tobias S. Buckell)
Veredas (Maureen McHugh)
La vida secreta de los bots (Suzanne Palmer)
La Luna no es un campo de batalla (Indrapramit Das)
El obelisco marciano (Linda Nagata)
Una serie de chuletones (Vina Jie-Min Prasad)