La sombra de sus alas
FANTASÍA ÉPICA
 
     
 
 
 
 

LA SOMBRA
DE SUS ALAS

The Sahadow
of his Wings

(1987)

Bruce Fergusson

Editorial:
Timun Mas
(1991)


Col.lecció:
Fantasía épica

Núm:
---

Pàgines:
374

Traductora:
María José Vázquezl

Il·lustrador:
Ciruelo Cabral


Lectura del 1992:





Editorial:
Timun Mas
(1991)


Col.lecció:
Fantasía épica

Núm:
---

Pàgines:
374

Traductora:
María José Vázquezl

Il·lustrador:
Ciruelo Cabral


Lectura del ????:


SIN VALORACIÓN ANOTADA

Editorial:
Timun Mas
(1991)


Col.lecció:
Fantasía épica

Núm:
---

Pàgines:
374

Traductora:
María José Vázquezl

Il·lustrador:
Ciruelo Cabral



 
     
La sombra de sus alas

Hubo un tiempo en que los adolescentes devorábamos sin parar novelas de fantasía épica escritas a la sombra de El Señor de los Anillos. Las llamábamos «dragonadas». Algunas de aquellas novelas pasaron a la historia y nos hicieron crecer con los ojos como platos y una sonrisa indefinida en la cara mientras soñábamos con mundos repletos de dragones, guerreros, magos y un sinfín de batallas. La saga de Dragonlance fue un ejemplo, quizá el más importante. La espada de Joram o El Ciclo de la Puerta de la Muerte también vivieron su gran momento. Pero aquellos adolescentes, poco a poco, también empezábamos a cansarnos de leer refritos e historias protagonizadas por héroes y razas que casi siempre acababan siendo lo mismo. De ahí el apodo de «dragonadas».

La editorial encargada de traernos la felicidad en forma de fantasía épica, la que tenía —digámoslo así— el monopolio, era Timun Mas. Y supongo que intentaba publicar todo lo que le llegaba de la fantasía anglosajona, aunque la calidad de las obras propuestas fuera, a menudo, bastante mediocre. En medio de todo aquel batiburrillo hay algunas novelas que recuerdo con muchísimo cariño. Dejando a un lado las dos primeras trilogías de Dragonlance, hubo una novela que me sorprendió muy positivamente en aquella época —hablo de 1992— porque era la primera vez que un autor trataba a un monstruo, a una bestia, de una forma diferente: otorgándole sentimientos. Y con una perspectiva que, para mí, resultó impactante en aquel momento. Entonces la valoré casi con un sobresaliente y le dediqué unas breves notas para recordarla en el futuro (pensad que La Biblioteca del Kraken todavía tardaría once años en abrir sus puertas).

Estoy hablando de La sombra de sus alas, de Bruce Fergusson, una de mis novelas favoritas de la adolescencia, que leí por primera vez en 1992 y una segunda vez... que no anoté (¡Idiota!), y que ahora he querido releer para poder hacer una reseña como es debido y animaros a todos a buscarla en algún mercado de libros de segunda mano.
Lo primero que hay que comentar es que la novela parece pertenecer a una trilogía llamada «Seis Reinos», escrita por el propio Bruce Fergusson, pero a España solo llegó este primer volumen. (Entonces no teníamos ni idea de que existieran más novelas ambientadas en el mismo mundo fantástico. Recordad que en 1992 internet todavía era poco menos que ciencia ficción). Pero eso no tiene demasiada importancia, porque conviene señalar que La sombra de sus alas es completamente autoconclusiva y no deja ningún cabo suelto.

Y lo segundo que quiero destacar es una anécdota: la extraordinaria portada (que fue precisamente lo que llamó mi atención para comprar el libro) fue ilustrada por Ciruelo Cabral, que sigue dibujando dragones fantásticos y cuya obra es, para mí, una de las mejores cubiertas de aquella época... aunque no se corresponda con la realidad de la novela. Supongo que a Cabral le explicaron brevemente el argumento y él dibujó un magnífico dragón... pero el Erseiyr, la bestia coprotagonista de la historia, es en realidad una especie de ave gigantesca de plumaje negro. Aun así, dentro de mi cabeza, el Erseiyr siempre será el dragón de la portada que dibujó Ciruelo Cabral.

¿Y por qué me estoy entreteniendo tanto con la presentación de la novela? Porque lo merece, os lo aseguro. La sombra de sus alas tiene algunas particularidades y una historia detrás dignas de ser descubiertas. Nos encontramos ante una aventura fantástica completísima, con guerras, grandes batallas y asedios, prisiones infectas, bestias fantásticas, personajes misteriosos y un protagonista que, sí, sigue de cerca el mítico camino del héroe, aunque de una manera quizá inusual, refrescante y muy destacable.

Lukan Barra es un pobre desgraciado que intenta sobrevivir trabajando como carpintero. Su hermano mayor fue desterrado tiempo atrás y la enemistad entre ambos no ha hecho más que crecer desde que este regresó a la ciudad con unos poderes curativos que le permitieron sentarse a la derecha del Sanctor, el dictador de Myrcia. Desde hace siglos, el país entrega un tributo en forma de oro y joyas a Rizzix, un Erseiyr que habita en las montañas. Esta criatura, semejante a un ave gigantesca, parece mostrar muy poco interés por los asuntos de los humanos, pero nunca los ha atacado, supuestamente gracias al puntual pago de los tesoros aportados por los contribuyentes. Sin embargo, la nación enemiga de los escarrians está preparada para atacar al Sanctor y a todo el pueblo de Myrcia. Su maquinaria de guerra es descomunal; sus ejércitos, los más poderosos del continente; cuentan además con numerosos stalkers, una especie de artrópodos peludos de múltiples patas articuladas capaces de escalar murallas y sembrar el miedo y la desesperación entre los aterrorizados myrcianos.

Lukan Barra se verá inmerso en una gran batalla para defender la ciudad, descubrirá los rincones más inmundos de las prisiones del Sanctor y acabará decidiendo buscar la ayuda del Erseiyr, intentando sobornarlo con todavía más joyas y oro. Durante su viaje se cruzará varias veces con Rui Ravenstone, la expareja de su hermano Vearus. Una mujer fuerte, independiente y completamente imprevisible.

Cabe destacar que aquí los únicos personajes a los que realmente podemos considerar inocentes o «los buenos» son los aldeanos, los campesinos, la gente corriente. Todos los poderes de los reinos enfrentados están corrompidos y desprenden un aire de absolutismo, donde únicamente velan por sus propios intereses y su seguridad. El Sanctor de Myrcia, por tanto, no es un gran rey dispuesto a defender a su pueblo. Es un miserable cuyo único objetivo consiste en conservar la autoridad cueste lo que cueste.

Como cabía esperar, la novela nos ofrece herramientas para reflexionar sobre el poder y la tiranía, pero también nos presenta a un monstruo que no es un simple animal irracional ni una montura al servicio de los humanos, como podría ser un dragón de Dragonlance. No. El Erseiyr es una criatura con personalidad y capacidad de razonamiento, con la mirada condescendiente propia de quien es inmortal, aunque no por ello perfecto.

En las notas de mi primera lectura, hace ya treinta y cuatro años, destacaba entre otras cosas, que la novela pretendía renovar el género con grandes innovaciones, personajes más profundos y un lenguaje directo, racional y duro al que yo no estaba demasiado acostumbrado. No sé si aquellas palabras eran exageradas o no, pero lo cierto es que sí creo que fue una de las primeras aproximaciones al grimdark moderno, esa fantasía violenta, oscura y llena de escenas escabrosas que te dejan tocado. En La sombra de sus alas se insinúan violaciones entre las sombras, encontramos combates estremecedores, centenares de muertos en batallas épicas y un lenguaje que, por momentos, me pareció cruel y despiadado, capaz de mostrar sin filtros las miserias de personas de toda condición.

Naturalmente, todo ello se mezcla con una trama de carácter heroico, aunque sin pretenderlo abiertamente, llena de matices entre buenos y malos y dotada de una personalidad propia que me ha vuelto a proporcionar un enorme placer durante su lectura. La novela no escatima esfuerzos para explorar todo tipo de aventuras y situaciones: desde la fantasía urbana hasta la exploración de bosques y cuevas, pasando, sobre todo, por la épica inherente a su historia. Y qué final. ¡Oh, sí! ¡Qué final! ¡Madre mía, cómo lo he disfrutado! Si esto llegara algún día a la gran pantalla, sería una de esas películas legendarias destinadas a permanecer en la memoria de todos.

Puede que me digáis que la nostalgia me nubla el juicio y que me estoy viniendo arriba, pero creo que todo lo que Bruce Fergusson volcó en esta novela rezuma amor por el género: unas veces siguiendo esquemas ya conocidos y otras innovando y ofreciendo perspectivas distintas que, al menos a un servidor, le abrieron los ojos hace más de tres décadas. ¿Y sabéis qué? Hace tres semanas... también.

Eloi Puig
28/06/2026

 

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