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Volvemos a empezar.
Sí, sí, lo habéis oído bien, volvemos al principio, al comienzo de una odisea galáctica, a descubrir nuevos mundos, nuevos conflictos, personajes hasta ahora desconocidos y también una trama que arranca casi desde cero, enfrentándonos a todo un universo en expansión.
Porque nos encontramos ante La síndrome de Sol Terra, la tercera entrega de la saga Stella Signata, esta epopeya de seis volúmenes que Ricard Efa, a través de Mai Més Llibres, nos acerca dos veces al año. Pero ¡atención! Ahora el escenario se ha trasladado; ya no estamos dentro de los Confines, ya no nos encontramos inmersos en aquel extraño universo de éter donde una civilización humana se había desarrollado durante dos mil años y colapsó entre ambiciones totalitarias y luchas intestinas. Ahora las reglas han cambiado. Efa nos dejó con la miel en los labios, pero ahora el escenario que encontramos es diferente; de forma abrupta y cruel nos presenta otro universo, o al menos otro sistema donde transcurren las nuevas aventuras de Estella Signata.
Pero, a diferencia de los dos volúmenes anteriores, la realidad actual nos sitúa en territorio conocido. Bueno, no del todo, pero sí entendemos cómo los personajes y la historia han llegado hasta aquí: el sistema solar Yi Ri es el espacio al que los colonizadores terrestres han llegado huyendo del sistema Sol, el hogar de la humanidad. La imposibilidad de continuar la vida en la Tierra ha hecho que naves generacionales irrumpan en este nuevo sistema repleto de planetas habitables. De hecho, el demoledor primer capítulo nos muestra esta llegada.
Pero la acción transcurre setenta años más tarde, cuando algunos de los cinco planetas del espacio habitable de Yi Ri ya han construido sociedades y estructuras para que una nueva sociedad humana crezca con cierta comodidad. La Unión es la administración que gobierna el sistema, siguiendo aquella idea casi romántica de intentar evitar la extinción de la humanidad, con el camino marcado por sus abuelos y bisabuelos de fundar nuevos mundos y habitarlos. Pero su poder es escaso y sus recursos limitados: una corporación privada, Iron Enterprises, dirigida por Benjamin Janus Bell II, un clon de su predecesor, es quien posee el poder de facto en el sistema: el control del demeterio, un mineral extraño que se utiliza para la industria militar —entre otros usos— y que parece disponer de propiedades especiales.
La política será clave y esta tensa simbiosis entre la Unión y la corporación Iron Enterprises se convertirá en el tira y afloja donde diversos personajes lucharán por alcanzar sus objetivos. Porque en esta tercera entrega volveremos a tener batallas espaciales, en este caso bajo la dirección de Kaori Yatsura, comandante de escuadrón; pero también conoceremos a Nassoumi Tinné-Caesar, miembro de una congregación religiosa que habita las selvas impenetrables del planeta Taranis; o a Irena Corindon, una exobióloga de gran reputación que sufrió un incidente inexplicable cuando era niña. Y también, por supuesto, otros personajes, uno de los cuales se convertirá en un vínculo entre las novelas anteriores y esta.
Ricard Efa nos presenta un buen abanico de protagonistas femeninas que serán quienes dirijan la mayor parte de la acción de la novela. Solo Benjamin Janus II, cuya sombra estará de una manera u otra presente, se convertirá en el contrapunto masculino y en la némesis de todas ellas. Cabe destacar que tanto unos como otros, en el fondo, actúan movidos por un ideal, buscando un horizonte al que quieren llegar para avanzar un paso más en la evolución humana fuera del sistema Sol. Aquí encontraréis una trama centrada en parte en la nostalgia por un mundo perdido, donde todos quieren esforzarse por no repetir los errores, aunque parezca imposible. También la espiritualidad —aquí representada por la escasa población del planeta Taranis, de origen africano— tendrá un papel importante.
Ricard Efa, como ya concibió en las novelas previas, reafirma personajes de orígenes y culturas diferentes: descendientes japoneses, centroafricanos e incluso encontramos un apellido catalán. A todo esto, habrá que añadir la lucha contra una extraña enfermedad neurodegenerativa que afecta a una parte importante de la población y, sobre todo, un misterio en forma de extrañas apariciones de naves estelares que desaparecen como por arte de magia.
La síndrome de Sol Terra parece volcarse en reflejar un mensaje antibelicista más claro que nunca y, a pesar de disfrutar de batallas que intensifican la emoción de la trama, Efa ha apostado con fuerza por seguir caminos más espirituales en ciertos capítulos. Fragmentos de esta historia que incluso podríamos definir como muy etéreos y de profunda disposición en planos metafísicos. Debo reconocer que, aunque el autor escenifica y narra estos capítulos con buen ritmo, me ha costado saber a dónde quería llegar exactamente.
Al ritmo constante, a la prosa dinámica —ya marca de la casa— y a los misterios y cliffhangers que nos deja como si nada al final de cada capítulo, hay que sumar los diferentes usos lingüísticos de algunos personajes —un recurso que ya utilizó de forma magnífica en las otras novelas— y que en este caso recae en el personaje de Nassoumi Tinné-Caesar y sus congéneres, que utilizan un dialecto afrancesado.
En el sistema Yi Ri distinguimos una nueva humanidad y unos nuevos retos expuestos en forma de una política inestable y cada vez más desequilibrada, avistamientos de lo que podrían ser naves alienígenas, descubrimientos fantasiosos bajo las estructuras planetarias, viajes místicos a través de universos, clones malignos, androides sanguinarios y personajes que defienden líneas de acción basadas en la ciencia o la espiritualidad frente a las ansias megalomaníacas de quienes quieren ir por la vía rápida.
Una space opera en toda regla que, aunque nos hace empezar de nuevo en un escenario desconocido de esta saga, separándonos —durante dos libros— de los hechos que sucedieron en Des de sempre fins a l’infinit, el autor ha sabido mantener una prosa firme y el sentido de la maravilla en alza para ofrecernos más piezas de este puzle que es Stella Signata.
¡Seguiremos pronto con la lectura de Una quimera per a la humanitat!
Eloi Puig
22/02/2026
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