Los navegantes
FANTASÍA ÉPICA
 
     
 
 
 
 

LOS NAVEGANTES

(2007)

José Miguel Vilar

Editorial:
Grupo AJEC (2007)

Colección:
Albemuth Internacional

Núm:
15

Páginas:
315


 
     
Los navegantes

Las cosas están cambiando, o al menos así lo parece leyendo esta primera novela de José Miguel Vilar. No sólo porque el editor ha querido resaltar la obra comparándola con George R.R. Martin en vez de la habitual mención de Tolkien, si no porque el estilo y las maneras del autor parecen de cosecha propia. Vilar quiere romper esquemas en cuanto a ritmo, capítulos y estilo y hay que decir que le sale bastante bien.

Para empezar tenemos un entretenido y divertido metaprólogo. Y qué es un metaprólogo se preguntarán algunos. Pues una introducción donde el autor justifica, mediante la discusión de un tribunal, el valor de las ideas invertidas en el libro, argumenta el porqué de ciertos recursos literarios o avanza qué se puede encontrar el lector cuando continúe leyendo, observando además que el lector es el último de los jueces que valorarán la novela. En todo caso un comienzo original y ameno que abre las puertas a la historia propiamente dicha.

Vilar nos propone una narración de aires épicos pero con toques personales que acaban por reconvertirla en algo más original. Los navegantes nos habla de la Guerra, así con mayúsculas -cómo diría el autor-. Nos da suficientes argumentos para desmitificar las grandes batallas, las gestas y los mismos héroes que entran en combate. Y sin hacer concesiones: Violaciones, matanzas de niños, torturas ... quizás influido por la estancia que realizó en un campo de refugiados de guerra en Serbia (de hecho, una buena parte de la novela la escribió allí). Esta reflexión sobre la guerra por la guerra es la base central del argumento de Los navegantes. La historia como no podría ser de otra manera empieza con una batalla y acaba con otra. La Guerra, la matanza, el delirio y el frenesí se extienden por sus páginas en todo momento, pero también el sexo, largamente tratado - de forma espléndida, por cierto-, el drama y unas buenas dosis de humor negro. Puede parecer una paradoja -y de hecho lo es- pero eso forma parte del peculiar estilo que Vilar impone a su obra.

El argumento es simple: El Virrey del imperio Trinisanto decide conquistar Arialcanda, la ciudad más antigua del mundo, una ciudad sin interés estratégico pero que resulta un símbolo de la conquista del nuevo continente. Para defenderla sólo hay un ejército de presos y ladrones enviado especialmente para ser derrotado. Los periplos de ciertos personajes de ambos bandos nos darán la idea de cómo se vive una victoria y una derrota. Vilar no quiere caer en la tentación de definir a las dos civilizaciones, una como "buena" y la otra como "mala" e intenta en todo momento proporcionar escalas de grises de las dos a través de diversos personajes, algunos ciertamente estereotipados, que dan la visión que en todas partes hay personas humanas y otras que no se merecen este nombre. El autor realiza un esfuerzo loable para hacer saber que la mayor parte de los hombres que combaten en los ejércitos lo hacen sin quererlo y que sólo algunos capitanes y generales son realmente adictos a la guerra. Es una crítica antibélica aunque queda desvirtuada por ciertas situaciones eclécticas de las que hablaremos más adelante.

Es esta una invasión que recuerda muchos hechos de nuestra historia: La colonización caótica y salvaje de los españoles por tierras americanas, las defensas encarnizadas y matemáticamente imposibles como la de la batalla de las Termópilas -el mismo autor lo admite a su metaprólogo- o los alzamientos en torno a pequeños dirigentes desconocidos que tienen como principal arma su don de palabra -el subcomandante Marcos de nuestros días tiene aquí su homónimo-.

Una historia vieja como el tiempo que desgraciadamente vemos cada día por los telediarios. Vilar pone el énfasis en el papel de los civiles como víctimas de los conflictos bélicos tanto los de un lado como los de otro. No es una reflexión profunda ni es un tipo de argumento que no haya sido tratado anteriormente, pero el estilo directo y el ritmo frenético del autor ayudan a leer la obra que si no original si al menos resulta estimulante.

Vilar va un poco más allá y describe las situaciones con un peculiar aire anacrónico ya que menudean expresiones y comparaciones propias de nuestra época y de nuestro mundo y eso en una novela de fantasía medieval no deja de ser sorprendente. Al principio cuesta asimilar pero poco a poco dejas de darle importancia. Este hecho resta "seriedad" a la obra pero también le da un aire fresco y vivo. ¡Pero ojo! Esta herramienta, este recurso, es una espada de doble filo que tanto puede realzar en un momento dado el texto como rebajar la tensión y el nivel narrativo a la categoría de broma o de ridículo.

Y aquí es cuando empiezo a hablar de los defectos de la novela -no todo es para tirar cohetes, ya se sabe-. Hablábamos de un ritmo vertiginoso. Cierto, pero éste se ve a veces descompensado. Podemos encontrar capítulos enteros dedicados a la descripción de escenas eróticas que no tienen más importancia para la historia -he dicho ya que el sexo aquí es tratado de forma generosa?- y en cambio en otras ocasiones con cuatro pinceladas se nos resume lo que pasa en todo un día. Encontramos también diversos flashbacks de la vida de ciertos personajes principales insertados en mal momento, fuera de lugar, que cortan la narración cuando ésta estaba yendo  suficientemente bien.

El tratamiento del humor negro no siempre se combina con acierto y en diversos momentos tenemos la sensación que aquel chiste "no tocaba". Vaya que el autor abusa demasiado de este recurso. El argumento de la novela además da la sensación que se estanca, que no evoluciona. De hecho, la historia decae a medida que se avanza en la novela. Hacia el final, volvemos a sentir que el autor nos quiere decir algo.

Y finalmente tenemos el añadido totalmente innecesario del tema de los "navegantes". Vilar nos proporciona una trama principal, que parte de una base crítica y la cual nos sitúa en un mundo fantástico pero próximo al nuestro pero también incorpora una subtrama especial -que da nombre a la novela- que me atrevería a decir que es más metafísica que otra cosa y que no sólo no encaja en la historia, si no que la lastra y confunde al lector. El hecho de que el autor se haya querido "encontrar" con algunos personajes y que nos quiera dar explicaciones sobre los hilos del destino que cuelgan sobre nuestras cabezas no enlaza en ningún momento con el argumento. Por suerte no tiene demasiado pies ni cabeza y el autor no abusa de ello, pero según mi modesta opinión, todo el affair que tiene que ver con los "navegantes" se podría suprimir sin ningún problema: Tendríamos entonces una narración sin muchas pretensiones pero que resulta verosímil, amena y en muchos momentos adictiva. Un argumento que no es original pero que tiene un estilo propio especial que lo hace diferente, una novela que nos recuerda constantemente el mal que podemos hacer y recibir, en definitiva una obra que no busca explicaciones de otro nivel si no entretenernos mientras nos hace pensar un poco.

Los navegantes no es ninguna obra maestra pero tiene la capacidad de sorprender gracias a una esmerada prosa, llena de recursos curiosos que el autor utiliza en general de buena manera. Me gustaría ver en acción esta prosa en una obra donde el autor se centre un poco más en lo que quiere explicar, porque a buen seguro estas facultades que apunta se verán consolidadas.

Eloi Puig, 31/07/07
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