Leyes de mercado
CF DISTOPÍA
 
     
 
 
 
 

LEYES DE MERCADO
Market forces
(2004)

Richard Morgan

Editorial:
Gigamesh (2006)

Colección:
Gigamesh

Núm:
38

Páginas:
426


 
     
Leyes de mercado

Es difícil de definir qué es lo que busco cuando leo ciencia-ficción. ¿Diversión? ¿Especulación científica? ¿Nuevos enfoques para los viejos temas de siempre? ¿Nuevas perspectivas sobre técnicas actuales? ¿Aventura? Supongo que mirándolo bien busco encontrarme todo eso y más de forma que se entienda y que entretenga y espero cuando acabo una lectura saber un poco más de algún tema, quizás tener una idea sobre la que reflexionar y haber pasado un buen rato. ¿Dónde encontrar todo eso? Por ejemplo en esta obra.

Leyes de mercado es una magnífica novela. Ésta es la premisa que tenemos que tener en cuenta antes de añadir aquel sufijo que dice: "... de ciencia-ficción". Si he separado la frase es para recalcar que podría considerársela una novela plenamente actual con leves toques futuristas o una obra de ciencia-ficción que nos enseña las pesadillas que nos llegarán dentro de no demasiados años; o sea apta para los aficionados al género y también para los lectores de narrativa general.

Año 2041: La tierra está prácticamente gobernada por enormes multinacionales especuladoras que dirigen las vidas de buena parte de los habitantes del planeta. Una nueva casta ha aparecido en las últimos décadas: Los altos ejecutivos; capaces de cambiar la economía o la sociedad de un estado o región simplemente levantando un dedo o dando una orden. Chris Faulkner es uno de estos nuevos ejecutivos, se ha ganado el sitio por méritos propios y matando. Sí, porque en esta nueva sociedad de empresarios se asciende en el puesto de trabajo luchando a la carretera, con coches reconvertidos en armas de matar.

Detengámonos un momento. El lector ahora pensará que la novela viene a ser una gamberrada simpática con algunas ideas buenas, quizás al estilo de Snow Crash (una obra que por cierto me encanta). Pues el lector se equivoca. Richard Morgan (un nombre que recomiendo no olvidar) ha diseñado una historia sin hacer la broma fácil, tratando los temas seriamente, incluso el de las carreras de coches.

Muy a menudo hemos leído artículos o quizás incluso novelas que acusan a la globalización de buena parte de nuestros males, que critican el poder de las depravadas multinacionales etc... el gran acierto de Morgan es presentarnos estas críticas según el punto de vista de los ejecutores, de los ganadores. No encontraremos a ningún pobre personaje que huya del pueblo donde mal vivía para aventurarse a través de un viaje iniciático a la gran ciudad y después cambiar el sistema al último capítulo. No. Morgan es tajante; Chris Faulkner es un ejecutivo, trabaja en el departamento de inversión de conflictos que como su nombre indica se basa en fomentar e invertir en pequeñas guerras que puedan aportar beneficios para la empresa. Faulkner no es un pobre desgraciado que quiera cambiar el mundo: El mundo lo ha cambiado a él. Adaptarse o morir. Matar a miles de kilómetros de distancia haciendo una llamada o esperar que una miserable enfermedad o una banda callejera hagan lo mismo contigo si te mueves fuera de la ciudad protegida, en las zonas.

Un punto de efecto que le reconozco especialmente al autor es que no se haya dedicado sólo a mostrarnos maniobras económicas y situaciones de despacho, si no también a enseñarnos cómo viven estos ejecutivos, su vida privada vaya. Y aquí tenemos otra punto álgido de la lectura: Los diálogos, francos, naturales, perfectos entre Chris y su mujer Carla. Los puntos de vista parecidos y diferentes entre ellos dos; las dificultades y las alegrías del matrimonio. Morgan nos da una lección magistral de cómo escribir sobre sentimientos ambiguos, de cómo cambiar los puntos de vista y por lo tanto de cómo hacer evolucionar a un personaje: no empujándolo siempre hacia adelante, si no haciéndolo también retroceder, marearlo, levantándolo del suelo o hundiéndolo cuándo hace falta. Lo que hace con Chris Faulkner raya la perfección.

¿Qué más puedo decir? La novela es muy amena, el autor se emplea tanto en los diálogos como en las fases descriptivas. Te plantea una idea a priori compleja sin aparente esfuerzo de forma que la lectura resulta deliciosa. A través de ella descubriremos el centro de Londres, los rascacielos y los centros de negocios de las principales compañías pero también las zonas acordonadas donde la mayor parte del mundo malvive como puede. Inglaterra (ya no se si se le puede decir Reino Unido), un país donde existen básicamente dos castas: Los muy ricos y los muy pobres. I Morgan deja entrever que en las principales ciudades del mundo la situación es parecida. Mientras tanto el tercer mundo se desangra para continuar alimentando a las multinacionales.

Cuando el año pasado leí Carbono alterado (por cierto, en un momento mencionada indirectamente en la novela), me pareció innovadora, dinámica y fresca. En aquella ocasión Morgan recogía clichés de la novela negra e introducía parámetros propios para desembocar en una mezcla sutil que funcionaba más que bien. En Leyes de mercado no hay clichés, no existen los precedentes, Morgan los crea (al igual que su protagonista, Chris Faulkner). Sí que te vienen a la cabeza algunas novelas que tienen un trasfondo parecido (por ejemplo las magníficos Mercaderes del espacio y su continuación -mejor todavía- La Guerra del mercaderes, que criticaban y reflexionaban sobre el mundo de la publicidad -unas distopías imprescindibles. También es verdad que la sombra de una obra maestra como 1984 se cierne sobre algunos aspectos de la novela sobre todo por el hecho de que los protagonistas no pueden cambiar el sistema si no que éste les quiere cambiar a ellos; pero Morgan posee un ritmo y un estilo propios que hacen de Leyes de mercado una obra diferente. Desborda inteligencia y entretenimiento por todas partes, de manera que encuentras, como decía al principio, todo aquello que hace falta de una buena novela, sea del género que sea.

Leyes de mercado salió en verano del 2006. El mismo día me pasé por la librería Gigamesh para que el autor me firmara un ejemplar de Carbono Alterado y aproveché para comprar también esta novela. No sabía si me gustaría y la única referencia que tenía del autor era la lectura de Carbono alterado. "Que lo disfrutes, pues, ¡espero!” , dice la dedicatoria. Que Richard Morgan no tenga ninguna duda que así ha sido. Y espero continuar haciéndolo en el futuro.

 

Premios:

2005 John W. Campbell

 

Búsqueda:
 
   
  Creative Commons License
Este texto está bajo licencia de Creative Commons.
Podeis buscar vuestro libro en: