Més enllà dels murs del món
CF- PODERES
MENTALES
 
     
 
 
 
 

MÉS ENLLÀ DELS MURS DEL MÓN
Up the Walls
of the World

(1978)

Alice B. Sheldon
(James Tiptree Jr)

Editorial:
Chronos
(2025)


Colección:
Trantor

Núm:
03

Páginas:
456

Traductor:
Lluís Delgado

Ilustrador:
Ricard Efa



 
     
Més enllà dels murs del món

Cuando tenía doce o trece años, hacia el final de la etapa de EGB, nuestra profesora (sí, en un colegio rural solo teníamos un profesor/a para todas las asignaturas) nos preguntó de forma desenfadada qué creíamos que era lo que viajaba a mayor velocidad en el universo. Yo, rápidamente y con un talante quizá un poco pedante, dije: «¡La luz! No hay nada más rápido que la luz». Pero a mi lado, un amigo dos años menor que yo al que llamamos Pino, respondió: «El pensamiento», con lo que aquella profesora, la misma que me introdujo en la fantasía recomendándome El Hòbbit unos meses después, (por cierto, gracias Montserrat), asintió y comentó algo parecido a... «¿Ves, Eloi? Hay respuestas mucho más interesantes que las que todo el mundo espera».

Y si comento todo esto es por esta novela, esta psicodelia total, término con el que la definió brevemente el compañero Xavier Llobera en las redes sociales, que viene a hablarnos del poder de la mente y de cómo viajar a través de las estrellas con el pensamiento. Estamos a finales de los años setenta y Alice B. Sheldon (escondida bajo el seudónimo masculino de James Tiptree Jr) nos acerca una historia que es puro sentido de la maravilla, mezclado con las inquietudes que en la década de los setenta (y antes) habían tenido los militares con los experimentos extrasensoriales inducidos por los gobiernos de los dos bloques.

De hecho, otros autores de la talla de Robert Silverberg o incluso Philip K. Dick se planteaban en aquellos años hasta dónde podía llegar el poder mental, quizá influenciados por las drogas o por la creciente paranoia de una Guerra Fría que parecía no acabar nunca. Y recordemos que Alice B. Sheldon había trabajado para la CIA. No sé si atreverme a afirmar que este conjunto de factores quizá influyó en ella, pero todo podría ser.

Més enllà dels murs del món es una de las dos novelas que escribió la genial escritora estadounidense (la mayoría de su obra son relatos como los que podéis encontrar en la antología Les dones que els homes no veuen o novelas cortas como la multipremiada «Houston, Houston, ens rebeu?»). Y permitidme que os diga que esta obra que tenéis entre manos es alta ciencia ficción, y que se adentra en el poder especulativo que ofrece la mente como núcleo central desde el que desarrollar una trama que viaja por planetas, sistemas estelares y también por un rinconcito escondido de la península de Florida. No es poca cosa, os lo aseguro.

La estructura de la historia se sustenta, al menos en la primera parte de la novela, en dos escenarios muy diferentes: Por un lado, el ejército norteamericano está financiando un proyecto de percepción extrasensorial entre algunos individuos que han demostrado poseer ciertas capacidades de este tipo. En este ámbito destacará la presencia de Daniel Dann, un médico encargado de tratar a los miembros de este selecto club por si necesitan apoyo médico. Dann es un poco escéptico ante todo ello, pero observa y juzga en silencio y consigue convertirse en una especie de terapeuta para unas personas que no siempre saben lidiar con sus supuestos poderes paranormales.

Pero el otro escenario es el que nos deja con los ojos como platos: Tyree, un planeta ubicado a años luz de la Tierra, donde una raza que parece formada por mantas voladoras tiene una civilización y un sistema de creencias propios. Y, de hecho, Sheldon nos arroja de golpe a flotar entre las corrientes de aire de este maravilloso planeta, sin presentaciones, in media res, vaya. Un capítulo introductorio complicado de asimilar en un primer momento, repleto del mencionado sentido de la maravilla que no siempre es fácil de imaginar. En esta civilización aérea, los alienígenas flotan y vuelan a través de las corrientes de aire. El rol sexual lo tienen cambiado respecto al nuestro: Los padres cuidan de las crías, las hembras viajan, buscan aventuras. Son inquietas y tienen un sentido de la curiosidad innato. Como Tivonel, nuestra protagonista en el planeta Tyree.

Pero todavía tenemos a un tercer personaje importante: El Destructor, una entidad que vaga por el espacio, confundida pero con la capacidad, según se dice, de destruir mundos enteros, talmente como el Galactus de la casa Marvel (que ya había aparecido en los cómics más de una década atrás). La confluencia de estos tres espacios: Los experimentos científicos de Florida, el planeta Tyree, que detecta cómo una entidad está apagando los mundos de su alrededor, y el propio Destructor, que busca algo que todavía no ha encontrado, será la chispa para que la imaginación de la autora estalle y nos presente esta obra valiente, extraña, deslumbrante por momentos y llena de imaginación.

Además, Sheldon nos expone su talante crítico: la lucha feminista de los años setenta se traslada a un escenario que no podíamos esperar, dando voz a los problemas de género de nuestra sociedad a través de seres completamente diferentes a nosotros. Alice B. Sheldon introduce un concepto que me acabo de inventar sin pensarlo demasiado y que desconozco si alguien había tratado antes: Feminismo alienígena. El hecho de resaltar en la trama (cuando por el desarrollo de la historia no sería necesario) que las hembras de Tyree buscan su derecho a ser «paternales» y, por tanto, criar sus huevos y no solo dedicarse a la caza y la aventura evidencia que Sheldon quería enfatizar el derecho a decidir de las hembras, fueran de nuestro planeta o no. Un punto más de originalidad para la novela.

La escritura de Sheldon fluye durante toda la novela y nos transporta a un mundo donde la comunicación sinestésica es normal y que para un habitante de nuestra rocosa Tierra es motivo de perturbación: Se confunden los sonidos, la luz... la manera de entender una realidad tan diferente. A menudo tiene un estilo poético mientras intenta describir el mundo alienígena o los pensamientos que allí fluctúan:

«Cede, se abandona completamente y se deja hacer hasta quedar reducida a un filamento que cabalga sobre una tormenta de poder, una energía que se eleva y florece como un mundo encajado en una burbuja.»

Y, por otro lado, en nuestros protagonistas terrestres, es interesante observar la relación psicológica que tienen entre ellos y con el doctor. Sheldon crea un microcosmos de complicidades y compañerismo entre personas que supuestamente comparten capacidades extrasensoriales. Y esta relación será clave en el desarrollo de la novela, ya de cara a la segunda parte del libro, porque asistiremos a viajes con el pensamiento, intercambios mentales con seres alienígenas, mandos psíquicos entre seres y entidades misteriosas... todo ello, una de las novelas más brutalmente fascinantes que recuerdo, donde el sentido de la maravilla te obliga a frotarte los ojos muy a menudo.

Esta fluidez y lluvia de grandes ideas no siempre es constante; también hay pasajes más soporíferos y más de una vez te preguntas si a la novela le sobran páginas. Hay que decir que quizá no es una obra apta para todos los públicos, especialmente si no están acostumbrados a una ciencia ficción tan especulativa, tan insustancial, una ciencia ficción que no deja de preguntarse «¿Cuán grande es la estructura de la mente?»

Recuerdo la presentación de la novela en una Ter-Cat en Barcelona, a cargo de Toni Herrero, uno de los editores de la editorial Chronos. Su fascinación por la novela era tan grande que no sabía muy bien cómo definirla. Lo entiendo. También a mí me ha costado encontrar el tono de esta reseña y evaluar los pros y contras de una historia tan imaginativa. Sea como sea, tanto si os gusta más como si os gusta menos, nunca podréis negar su vertiente especulativa, su explosión de ideas y su capacidad de hacerte soñar... en las estrellas y en el poder de la mente.

«El tiempo ha dejado de existir, quien fue (...) se abandona a una fusión irreversible con algo enorme y alienígena que posee unos poderes que ella misma ahora comparte parcialmente. Un último rincón de su personalidad ríe con la pureza de una criatura, imaginando una vasta sala de control de las estrellas. De sí misma solo sabe que existe en un estado de paz y exaltación. La grandeza del universo se extiende como el tapiz de su comprensión. (...)»

Eloi Puig
26/09/2026

 

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