La lloba que fou
TERROR SOBRENATUTAL
 
     
 
 
 
 

LA LLOBA QUE FOU
The Werewolf or the White Wolf of the Hartz Mountains
(1837-1839)

Frederick Marryat

Editorial:
Laertes
(2025)


Col.lecció:
L'arcà

Núm:
04

Pàgines:
145

Traductor:
Sílvia Aymerich

Il·lustrador:
Raül Grabau




 

 
     
La lloba que fou

La lloba que fou es un relato largo —o novela corta— escrito por Frederick Marryat dentro de una obra mucho más amplia. Es un cuento, pues, que forma parte de la novela gótica El barco fantasma (publicada entre 1837 y 1839) y en el que Marryat se adentra de lleno en el subgénero de la licantropía. Tal vez esto pueda sonar muy manido, pero debemos tener en cuenta que fue una de las primeras aproximaciones noveladas al mito del hombre lobo y que, por tanto, constituye un valioso documento histórico.
Pero para profundizar más en los aspectos de la licantropía, la editorial Laertes nos ofrece —al igual que en la primera edición publicada en 1984— un magnífico prólogo de Emili Olcina, corregido y actualizado, que ayuda a contextualizar la obra de Marryat y el papel del hombre lobo dentro de la literatura universal.

Un interesantísimo ensayo de Emili Olcina, pues, que supone una aproximación a la figura de la licantropía, tanto en el folclore tradicional y las aportaciones en diversas religiones y culturas como en la propia literatura de género. También resulta enriquecedor comprobar cómo escritores de la talla de Jack London o Baudelaire profundizaron en la figura de la dualidad perro/lobo y en la búsqueda de la parte que falta a sus personajes caninos… lo que más adelante derivaría en la dualidad hombre/bestia y sería el inicio de la tradición de los relatos de licántropos.

Destaca comprobar cómo, en formato literario, el hombre lobo logró asomar la cabeza a comienzos del siglo XIX, quizá influido por el romanticismo. Y que La lloba que fou fue uno de los primeros textos literarios que definieron este símbolo de la literatura de terror.

La trama del cuento gira en torno a un vasallo que huye de Transilvania (sí, habéis oído bien) tras un escándalo extramatrimonial y un asesinato a sangre fría. Junto a él también escapan sus tres hijos. Finalmente se instalan en una zona remota de bosques y allí llevan una vida más o menos plácida hasta que reciben una visita inesperada de un noble y su bella y desvalida hija.

En este punto, quisiera hacer un inciso, y es que en La lloba que fou encontramos otro hecho destacable: una de las primeras apariciones de mujeres lobo en la literatura. No es ningún spoiler comentar que en todo momento ya sabes por dónde irán los tiros. Pero este hecho, el de la llegada por sorpresa de alguien que necesita ayuda y la circunstancia de acoger bajo tu techo a una joven aparentemente frágil, una muchacha “dejada” por alguien de confianza y que aparenta pertenecer a la alta nobleza, me recuerda poderosamente a la novela Carmilla, escrita en 1872 por J. Sheridan Le Fanu<, y me lleva a pensar si no se inspiró en este cuento para abrirnos las puertas a su vampira.

En cualquier caso, en la aventura descrita en La lloba que fou no hay demasiadas sorpresas (ni había intención de que las hubiera, estoy seguro), pero cabe remarcar el gran ritmo narrativo de Marryat y exaltar las escenas escabrosas de sangre que encontramos. Tal vez la falta de censura de la época influyó en que esta historia pudiera relatarse desde una vertiente bastante visceral en algunos momentos.

Quizá uno de los puntos más interesantes de esta breve obra sea comprobar que cuando la bestia, el animal, vive o está inmerso en un estado salvaje, no es malo en sí mismo, y que, en cambio, cuando cambia, cuando su cuerpo adopta forma humana, es cuando se vuelve más malvado.
Una idea según la cual el monstruo o la bestia solo pretende vivir siguiendo sus instintos y que su vertiente humana, en cambio, conspira para hacer el mal. Una idea que merecería explorarse un poco más, pero que me ha gustado y que podemos contemplar desde diversas perspectivas en las décadas y siglos posteriores, también en novelas de primera línea que, salvando las distancias temáticas y estilísticas, pueden recordárnosla, como es el caso de Soy leyenda, por ejemplo.

Laertes es la editorial que más se esfuerza por traernos en catalán clásicos como este, obras que son la génesis del terror contemporáneo y que podemos disfrutar siempre teniendo en cuenta el momento en que fueron escritas. Por eso la contextualización de Emili Olcina resulta tan estimulante en este caso.

Eloi Puig
07/02/2026

 

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