Etern, com el laberint
CF-FANTASIA
 
     
 
 
 
 

UN ÀNGEL CRUEL
(2023)

Edgar Cotes

Editorial:
Spècula
(2025)


Colección:
---

Núm:
15

Páginas:
266

Ilustrador:
Àlex Santaló


Otras ediciones:

No existen ediciones castellano

 
     
Etern, com el laberint

He de confesar que la expectación por la siguiente novela de Edgar Cotes era grande. Después de triunfar con Un àngel cruel (Premi Ictineu a mejor novela fantástica en catalán y premi 42 a Mejor autor revelación), es normal que el público contuviéramos la respiración —aunque solo fuera por unos momentos— cuando nos enteramos de que volvía al ataque con otra novela: Etern, com el laberint.

Pero aquella inquietud por saber si la siguiente novela sería tan buena, o al menos tan atrevida como la primera, en el fondo era infundada, y lo sabíamos: Cotes ya nos había acercado otras obras de menor extensión, novelas cortas o relatos donde podíamos comprobar que su estilo no se había marchitado ni arrugado y que seguía más vivo que nunca. Y es que no es bueno comparar obras que se hacen con intenciones diferentes y en momentos que responden a estímulos bien desiguales.

Así que no hay que buscar aquel impulso visceral que encontrábamos en Un àngel cruel, porque Etern, com el laberint es una obra más reflexiva y que nos conduce a un mensaje muy distinto: la búsqueda de un equilibrio necesario entre las ciencias y la filosofía, entre los avances tecnológicos y el cuidado ético que debemos introducir en ellos para poder avanzar con armonía.

El laberinto es una majestuosa y enigmática construcción erigida por misteriosos arcanos, situada en medio de un desierto inmenso. A su lado se alza Asterió, la ciudad de estética steampunk donde los alquimistas, que equivaldrían a nuestros científicos, consagran su vida al estudio de este dédalo mágico del que nadie conoce sus secretos. Numerosas expediciones se han enviado a su interior y pocas han regresado. Pero en Asterió diversas disciplinas u órdenes de alquimistas siguen estudiándolo de forma constante, siglo tras siglo. Entre otras destacan la Orden de la Tierra y la Orden del Fuego, enfrentadas por líneas de pensamiento opuestas. La Orden de la Tierra considera primordial la filosofía y el conocimiento; la Orden del Fuego, en cambio, visualiza las aplicaciones prácticas como el uso de la tecnología. Y como siempre, también nos topamos con el poder real, en este caso representado por el Imperio de Mael y su emperador, que presiona a los eruditos de Asterió para beneficiarse de su ciencia y tecnología para las tareas más banales de la conquista y el enriquecimiento.

«Aquel era el encanto, y a la vez, la perversión del laberinto. Su inescrutabilidad. Una inescrutabilidad que la alquimia llevaba siglos intentando descifrar sin éxito».

El autor nos presenta este escenario a través de una prosa en primera persona de varios personajes: Erreth, Elric, Nerys y Davar. Los dos primeros son hermanos y destaca su rivalidad y la dualidad intrínseca sobre las creencias y las diferentes maneras de entender la vida. Erreth es el hijo pequeño de una estirpe de alquimistas de la Orden de la Tierra; nos narra su historia a través de flashes, de recuerdos, en medio de una trama onírica, mientras vaga por el laberinto, perdido, repitiendo ciclos y repasando su escasa memoria. Parece explorar caminos de eternidad, de estudio y filosofía sobre lo que significa ser humano. Elric es el hermano mayor, poco empático y muy orgulloso, que dirige sus anhelos hacia la Orden del Fuego y las necesidades más humanas.

Nerys y Davar serán los personajes femeninos que ejercerán de contrapeso y que nos proporcionarán otras miradas sobre la ciudad de Asterió, su historia y su inminente revolución, pues Nerys, antigua decana, planea un atentado que quiere cambiar las relaciones entre Asterió y el Imperio de Mael, mientras Davar, prácticamente una hermana adoptiva de los hermanos, se prepara para sumarse a la incipiente rebelión.

Cabe decir que cada personaje está bien trabajado por parte del autor, pero me he encontrado con que quizá el temperamento de Elric, sus maneras y su talante en momentos puntuales de la novela resultan un tanto forzados. He tenido la sensación de que los personajes masculinos son un poco arquetípicos, mientras que los femeninos son más reales.
Este será, pues, un viaje introspectivo y también especulativo al mismo tiempo. Escarba en el interior de la mente de dos hermanos muy distintos, pero también los expone a conceptos vertiginosos como el conocimiento ilimitado o la eternidad: un abismo cósmico que haría temblar a cualquiera. Cotes introduce conceptos metafísicos que a veces pueden acercarse al terror cósmico y en otras nos plantean dudas sobre las direcciones opuestas que toman los dos contrincantes, siempre con el laberinto entre ellos, en medio de todos.

«Lo único que podemos hacer es seguir caminando por el laberinto que son también nuestras vidas».

Antes mencionaba que la novela busca encontrar el entendimiento, la correspondencia entre la filosofía del pensamiento y la ciencia, el progreso de la sociedad a través de la tecnología. Quizá en los tiempos que corren, con las dudas que generan las IA, esta novela debería ser leída por científicos y pensadores, o al menos por un público con capacidad crítica para discernir que uno de los mensajes más importantes que encontraréis en Etern, com el laberint es que el progreso sin ética o la ciencia sin filosofía... no pueden funcionar los unos sin los otros.

Edgar Cotes continúa teniendo un muy buen pulso narrativo y una fluidez innata. Esta vez enfocada más a hacernos reflexionar sobre nuestro mundo a través de una novela alegórica que mezcla fantasía y elementos de ciencia ficción y que nos invita a sopesar el rumbo que podemos otorgar a nuestra ciencia y a nuestros principios éticos.

Eloi Puig
08/03/2026

 

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