Un dios de paredes hambrientas
CIENCIA -FICCIÓN
 
     
 
 
 
 

UN DIOS DE PAREDES HAMBRIENTAS
A God of Hungry Walls
(2015)

Garrett Cook

Editorial:
Orciny Press
(2016)


Colección:
Midian

Núm:
08

Páginas:
185

Traductor:
Hugo Camacho

 
     
Un dios de paredes hambrientas

Si algo define claramente la colección Midian dedicado al género Bizarro (del que me declaro fan incondicional) es que no deja de sorprenderte nunca. Y es que novelas como la extraordinaria La casa de arenas movedizas no tienen nada que ver por ejemplo con otras como Ciudad revientacráneos o con El detective que tenía mariposas en el estómago, por poner algunos ejemplos relevantes. Del mismo modo que Un dios de paredes hambrientas no se acerca ni de lejos a la trama argumental de Fantasma de Laura Lee Bahr, aunque a priori pueda parecerlo. Pero es que esta novela de Garret Cook no tiene ningún punto de referencia a nada que hubiera leído nunca antes y aquí Hugo Camacho, el editor y hombre-maravilla de Orciny Press nos ha vuelto a sorprender publicando esta arriesgadísima obra de terror sobrenatural con un aire decididamente enfermizo y sádico.

Lo primero es lo primero y hay que decir que la contraportada es toda una declaración de intenciones, un texto que me atrajo a leer la novela: una historia bajo el punto de vista de una casa encantada, del espíritu que la habita. Fíjáos:

Entre estas paredes soy Dios.
Siempre he estado aquí y siempre existiré. Entre estas paredes tengo total control de lo que ves, lo que sientes y lo que piensas. Transformo la realidad según mis deseos. Te pondré frente a tus peores miedos y haré que te entregues a tus deseos más oscuros. Tu dolor es mi placer. Tus lágrimas, mi ambrosía. Tu desesperación, mi regocijo. Te romperé por dentro. Te destrozaré. Entre estas paredes soy Dios, y una vez entras en mí, ya no hay salida. Te poseeré para siempre

Y así es: La casa, o mejor dicho, el dios que la habita o el espíritu que la controla es el verdadero protagonista de una aventura malsana y decadente pero narrada con un estilo casi poético que nos hipnotiza desde la primera página y nos atrapa en una red de pura maldad y perversión. Porque seamos francos: El dios de la casa es un mal nacido, un egocéntrico, un vil torturador y un ser despreciable que a través de un monólogo de casi doscientas páginas nos describe sus ansias de control sobre una serie de adolescentes, de cómo se divierte sometiéndolos, subyugándolos, torturándolos.

Nuestro dios posee los cuerpos y la mente de los que viven en su hogar. Y por lo tanto se siente dueño y señor de todos ellos. Si yo fuera psicólogo quizá me atrevería a afirmar que es un dios con complejo de inferioridad, aplicando de forma gratuita psicología barata tópica para demostrar una teoría absurda. Porque el hecho de que un ser sea evidentemente superior a unos simples mortales, ¿Puede tergiversar su ego, no? ¿Quizás cuando más poderoso es más necesita demostrarlo? Me gustan mucho unas palabras que nos deja en el primer párrafo del libro y que evidencian que nuestro maléfico dios también siente la necesidad de convencerse a sí mismo:

 (...) podréis decir que fui cruel (lo soy), siempre seré cruel pero nunca, NUNCA, podréis decir que no fui amable, o que la amabilidad no forma parte de mí naturaleza. (...)

Pero no os engañéis; sus parrafadas son bonitas pero este dios es el mismo mal pero vestido con palabras trascendentes y sus jugadores simples piezas para afianzar su control, su megalomanía. Muertos que copulan, fantasmas vengativos, visiones execrables, sexo desenfrenado, coprofagia y cualquier desorden mental que os podáis imaginar se combinan con mejor o peor fortuna en estas páginas. Es una mierda que te salpica, que no te deja leer sin pensar si debes de continuar o no. Pero también es una obra muy bien narrada, donde el autor nos acapara a emociones desagradables pero que no te permiten abandonar la lectura. Garret Cook es como un cenobita de Hellraiser que nos muestra y nos ofrece los placeres y los dolores de la carne a la vez. Una paradoja total que nos hace pensar si debería gustarnos una obra de estas características, si el hecho de disfrutarla es porque el autor nos fascina con su prosa o porque los hechos que se narran golpean nuestro cerebro intentando entrar de forma natural y por lo tanto perversa.

En mi modesta opinión, no obstante, nuestro dios cabrón podría buscar otras maneras de torturar a sus huéspedes que no sea siempre a través del sexo y la violencia. Acaso con sólo algunas escenas - que probablemente estarían censuradas al cine- ya nos haríamos una idea del grado de control y satisfacción personal que recibe de sus acólitos (algunos de los cuales viven una perenne sombra de visiones enfermizas). Vamos, que en algunos capítulos el exceso de sexo visceral resulta abrumador y repetitivo. En cambio, aquella sutileza que también esperaríamos encontrar por parte de una mente omnisciente no aparece prácticamente nunca. Nuestro dios es salvaje e inhumano, gobierna la casa sin ningún tipo de escrúpulo, sólo pensando en seducir y capturar más víctimas. Y es tan poderoso que no se permite el lujo de ser misericordioso en ningún momento. ¡Él es un dios! Y por lo tanto no tiene que dar explicaciones a nadie, sólo hacer su (corrupta) voluntad.

En contrapartida, mi, a veces, pesada mente analítica me pide saber el origen de todo -en algún momento parece que se nos explique de forma ambigua-, y también dar más presencia a actores como Brian que son claves para la trama. Esto es otro punto a discutir: Parece que Cook se recree tanto en las perversiones montadas por el dios de la casa que se olvida de la intriga, de desarrollar un poco más la trama de trasfondo que poco a poco va pasando a un primer plano entre las duras imágenes que nos bombardean el cerebro.

Es verdad que Garrett Cook hace un ejercicio extraordinario para mantenernos alerta con una lectura tan visceral y eso tiene un plus pues es verdaderamente difícil, pero también es cierto que descuida un poco esta trama argumental que parece navegar por medio de subterfugios para sacar el cabeza de cuando en cuando y dejarnos expectantes.

Un dios de paredes hambrientas es quizás una de las obras más originales, transgresoras y enfermizas que he leído nunca. No apto para todos los estómagos. Vibrante y degenerada, se convierte en un complemento particularmente especial de este género Bizarro.

Leedla, disfrutadla y odiadla por igual ... pero con el estómago vacío. Avisados ​​estáis.

Eloi Puig
30/05/2019

 

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