La casa de Hojas
TERROR SOBRENATURAL
 
     
 
 
 
 

LA CASA DE HOJAS House of Leaves
(2000)

Mark Z. Danielewski

Editorial:
Alpha Decay i
Pálido fuego
(2013)


Collección:
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Núm:
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Págines:
736

Traductor:
Javier Calvo



 
     
La casa de hojas

Supongo que existe una correlación matemática que define la dificultad de escribir reseñas en relación a la complejidad de una obra, y si no está, debería inventarse. No estoy hablando de la típica novela que pueda leerse con diferentes capas de lectura (que también) o que utiliza diversos aspectos y formas del lenguaje (que están) o que entreteje varias tramas o líneas argumentales con personajes dispares (que existen) o que te perfore la mente con descripciones que te ponen los pelos de punta para pasar a continuación a disertaciones filosóficas que te duermen (que obviamente, las encontramos). No, no se trata de eso. La presente obra, La casa de hojas, es una acumulación de estos aspectos y mucho más... pero sobre todo es una novela rabiosamente complicada de reseñar.

Podríamos decir que esta es una de las obras más originales, intransigentes, hipnóticas, fascinantes, aburridas, imaginativas, ambiguas, detalladas, incomprensibles y perturbadoras que he tenido el placer y la desgracia de leer. Hacía unos seis años que estaba en la pila pero nunca me lanzaba a leerla, quizá porque intuía el esfuerzo que requería por parte del lector, o quizá porque no me atrevía a dar el salto a unas páginas que tanto podían estar repletas de palabras escritas en todos los sentidos de lectura como prácticamente vacías de contenido y que por tanto me atraía lo mismo modo la idea de devorarlas como de huir de ellas. Pero ¡Ah! El confinamiento, esta reclusión voluntaria pero forzosa, este tipo de encarcelamiento preventivo que (aun ahora) estamos haciendo en mayor o menor medida, me susurró al oído aquello de "ahora o nunca". Y aquí estoy, haciendo una reseña difícil de un libro imposible, intentando haceros entender que esta obra es impresionante pero también puede resultar un martirio; que es indispensable pero que también podéis renunciar a ella.

La casa de hojas es una novela de Mark Z. Danielewski. Ya tiene unos años, fue escrita en 2000 pero no llegó en castellano hasta el 2013. Y menos mal, porque para publicar una novela así se tuvieron que unir los esfuerzos de dos editoriales para lanzarse a una aventura impensable. Sólo por el trabajo de maquetar ya me viene dolor de cabeza. Y la dificultad extra de traducirla, por parte de Javier Calvo, también merece un reconocimiento. La edición final, sin embargo, ha quedado magnífica.

Pero volvamos a La casa de hojas. Recuerdo haber leído en algún ligar (no sé si de parte del mismo autor o si de algún crítico) que esta obra era una novela total. Y esta afirmación tan desenfada hay explicarla y matizarla. Danielewski nos presenta una historia de amor escondida en una historia de terror y angustia presentada a través de un film casero — pero montado por un experto— que combina cámaras estratégicamente colocadas en diferentes lugares de la casa y también con otras de portátiles — al más puro estilo de The Blair Witch Project— Este conjunto de cintas de vídeo recibe el nombre de "El expediente Navidson", y es la historia de Will Navidson y su familia cuando se dan cuenta que la casa que acaban de comprar es extraña ... y parece un poco más grande por dentro que por fuera. Sí, rollo Dr. Who pero sin sonrisas. Pero este expediente está documentado en un libro que un viejo ciego ha estado guardando y compilando durante décadas y que ahora ha encontrado un tal Johnny Truant, un pobre desgraciado de Los Ángeles que ejerce de amigote irresponsable y de ayudante de tatuador.

Estas tres historias, en primer lugar el terror que mortifica la familia Navidson, en segundo lugar los comentarios y ensayos en torno a la cinta de una película de pocos minutos que gira sobre estas acontecimientos; y finalmente la miserable vida de Johnny Truant y su obsesión enfermiza cuando empieza a estudiar el Expediente Navidson y las miles de notas que el viejo ciego, Zampanò, recopilaba al respecto, serán las tres tramas que se irán entrelazando durante toda la novela. ¡Ah! Pero hagámoslo más complicado. Danielewski no dedica un capítulo a cada línea argumental, sino que las mezcla de manera que en una misma página podemos estar inmersos en un asunto paranormal en la casa de los Navidson para a continuación tener que retroceder unas hojas para saber qué piensa un periodista o un científico de todo ello, o aún más: ¿Cómo ha afectado esta lectura al señor Johnny Truant?.

La lectura, pues, no es apacible, es un continuo pasar páginas arriba y abajo, intentando concentrarnos en el expediente mientras se nos bombardea con información relacionada y también observando como el comportamiento de Truant se vuelve cada vez más errático. El autor expone un caso pero también muchísimos comentarios sobre este asunto — que podemos descubrir en los cientos de notas a pie de página (1), muchas de las cuales tienen también dentro sus anotaciones propias— y al mismo tiempo también las anécdotas y sensaciones que Truant nos narra de su vida con un lenguaje totalmente diferente. Es un libro dentro de un libro dentro de un libro. Es una maldita Historia Interminable pero sin Atreyu ni Bastián y sí, mucha mala leche y algunos aspectos sórdidos que parecen conducir a abrirnos las puertas del terror psicológico. Una novela que pretende ser total, diferente e inmersiva. Y ahora, mientras escribo esta reseña necesito decidir si lo consigue o no.

Porque La casa de Hojas es un laberinto -—sin minotauro— pero sí un rompecabezas que se va redefiniendo y cambiando —literalmente— y sobre todo que te hace esperar para llegar a extraer conclusiones. El mismo autor define el expediente Navidson de esta manera (Y yo recojo sus palabras para que entendáis de qué hablo cuando lo aplico a la novela de Danielewski):

“(...) Desde el inicio mismo de El expediente Navidson estamos metidos en un laberinto, deambulando de fotograma en fotograma, deseando asomarnos al siguiente corte con la esperanza de encontrar una solución, un centro, un sentido de la totalidad, solamente para descubrir otra secuencia que lleva en otra dirección completamente distinta, un discurso que no para de delegar, que promete la posibilidad de un descubrimiento pero al mismo tiempo se disuelve en forma de ambigüedades caóticas demasiado borrosas para que nunca se las pueda comprender del todo”

Como veis, esta definición se puede aplicar directamente a la novela también y nos está perfilando el talante de lo que encontraremos en sus páginas.

Tratamos de analizar, brevemente, las líneas argumentales. Empezamos por Johnny Truant: Joven sin oficio ni beneficio que vive de fiesta en fiesta y que cambia de cama y de pareja siempre que puede (por muy enamorado que esté de una bailarina de striptease llamada tambor, 2). Su historia va ligada al hallazgo de los manuscritos que el viejo Zampanò dejó al morir y de hecho toda la introducción a la novela es un aviso de Truant sobre lo que nos espera leyendo sobre el expediente Navidson. El aprendiz de tatuador nos hace observar de forma constante como su carácter fue cambiado a medida que leía e intentaba encajar el puzzle que representaban los folios y documentos que encontró en casa de Zampanò. Sus obsesiones lo mueven a contarnos mil y una aventuras de su vida y de su pasado familiar. Es una lectura en general entretenida pero que nos corta (de forma explícita y deliberada) nuestra inmersión en las peripecias de Will Navidson y su familia. A menudo sus paranoias, no obstante, se nos hacen un poco pesadas y repetitivas pero el estilo de Danielewski que nos transmite las experiencias de Truant en primera persona es bastante resolutivo por mucho que se vaya por las ramas.

Vamos a las notas que rodean el expediente Navidson. Se trata de comentarios, extractos de artículos, entrevistas, ensayos científicos sobre lo que podría ayudar a explicar los fenómenos enigmáticos que esconden los minutos de vídeo del expediente Navidson pero también de los mismos personajes que intervienen. Muchos de estos documentos son francamente interesantes y nos rodean aún más de una aureola de credibilidad que se desliza tanto por la mitología, como por la ciencia e incluso especula con la ciencia ficción sin olvidar que el autor fomenta continuamente el debate en torno a la autenticidad de dicho expediente. Pero también encontraremos fragmentos sobre cuestiones que no vienen al caso, sobre aspectos nada vinculantes y que no nos aportan prácticamente nada, que son aburridos o que nos conducen a un callejón sin salida. Sí, Danielewski juega con nosotros y nos da toda la información, como si nosotros la tuvierámos de remover y elegir al igual que hace Johnny Truant y por tanto también poniéndonos en una situación delicada: ¿Quizá se nos ha escapado algún detalle importante entre tanta información? ¿Hemos hecho bien al saltarnos ese pie de página? ¿Y si era valioso? "Claro que es probable que no llevara a ninguna parte", también pensaréis. Sí, estamos leyendo y haciendo labor de investigación a la vez.

Estas dos líneas de acción presentan dos tipos de lenguaje muy diferentes que nos facilitarán separar la lectura: el académico de los comentarios en torno al expediente y el casero, barroco, directo de Johnny Truant, libre y desafiante. Ambos tendrán momentos que acapararán nuestra máxima atención y otros que tendremos la tentación de cerrar el libro y dejarlo reposar un tiempo indeterminado

Y pasamos al quid de la cuestión. El expediente Navidson, el epicentro de todo. La investigación que inicia Will Navidson con su hermano gemelo, Tom, y un amigo cuando descubre que la casa que acaban de comprar, Ash Tree Lane, sufre una incongruencia que no le deja vivir tranquilo. Navidson está allí para tratar de rehacer su matrimonio con la ex-modelo Karen Green y sus dos hijos pequeños. Él es un fotoperiodista de prestigio que siempre ha estado viajando y que ahora quiere sentar la cabeza y centrarse en la familia. Pero la casa no se lo permite porque la anomalía se va haciendo grande hasta el punto de que un día aparece un pasillo en la pared de una habitación, una pared que da al jardín y que por lo tanto es físicamente imposible que el túnel esté situado en nuestra realidad pues se adentra hacia el infinito, hacia el exterior de la casa pero sólo puede verse desde el interior.

Navidson quiere explorarlo, pero su mujer Karen no quiere que arriesgue. El reconocimiento del extraño pasillo, pues, lo realizarán unos profesionales de la espeleología y aquí es cuando comprobaremos como de gran puede convertirse en la casa de Ash Tree Lane. No es la primera vez que leemos sobre casas encantadas o que se deforman. Recuerdo gratas experiencias, por ejemplo, con Evenmere: La gran mansión (James Stoddard) pero Danielewski va más allá y nos acerca a un terror más sutil, frío y angustioso. Además juega con la ejecución de las palabras y su forma de plasmarlas en las páginas. Desde resaltar con color cierta palabra determinada o tachar a otra de manera, al menos, perturbadora, a especular con el espacio y las formas. Por ejemplo, si un explorador se adentra en una sala enorme quizás sólo aparece una palabra en la página que denota inmensidad y amplitud pero si se introduce por un pasillo que se hace más pequeño a medida que avanza, también las palabras se van comprimiendo. Un caso genial es por ejemplo el recuadro que aparece desde la página 119 a la página 144 con una nota típica de pie de página comprimida en esta ventana que se va leyendo a través de las hojas, como un atajo, un agujero de gusano, una metáfora gráfica metaliteraria de lo que puede significar el laberinto de la casa.

Tampoco es que el autor sea especialmente original en este aspecto. En los años cincuenta, Alfred Bester ya utilizaba formas extrañas en algunas páginas de Las estrellas mi destino para plasmar la sinestesia del protagonista. O tirando para casa, el mismo Manuel de Pedrolo quiso otorgar protagonismo a la construcción de su redactado en algunas páginas de Crucifeminació para influenciar a la percepción del lector. Pero es que Danielewski hace todo esto y lo multiplica por mil: Páginas vacías, fragmentos que hay que leer al revés, frases y palabras dispuestas de forma antinatural que fluyen, que serpentean, que nos miran con ojos retadores, que nos llevan a una inmersión total, especialmente en los capítulos más angustiantes y que provocan una lectura claustrofóbica, absorbente, desmesurada e implacable.

Todo lo que se relata en las cintas de vídeo del expediente Navidson nos atrapa y nos hace sentir sensaciones incluso antagónicas. ¿Se puede tener claustrofobia y agorafobia vez? ¿Pueden ser no excluyentes una de la otra? ¿Y cómo es posible que la oscuridad se convierta en tan opresiva, tan palpable? Me imagino perfectamente muchas de las escenas de la exploración de la casa como se pueden llevar a cabo cinematográficamente... quizá porqué ya están narradas en este formato, como si nosotros las viéramos en directo. Impresionante.

Pero este terror invisible también acompaña a Johnny Truant en la otra línea de acción. Fíjáos en uno de sus comentarios (que dirige a nosotros) muy al estilo de cuentos como "No mires atrás" del gran Frederic Brown:

Para entenderlo mejor, probad esto: concentraos en estas palabras, y hagáis lo que hagáis, no dejéis que vuestra mirada se salga del perímetro de esta página. Imaginaos que más allá de donde os alcanza la vista, puede que detrás de vosotros, puede que a un lado, o hasta puede que delante de vosotros, pero justo donde no podéis verlo, algo se acerca sin hacer ruido, de hecho haciendo tan poco ruido que solamente podéis oírlo en forma de silencio. Localizad esos remansos de silencio puro. Ahí es donde está. En este mismo momento. Pero no miréis. No apartéis la vista de aquí. Ahora respirad hondo. Y a continuación todavía más hondo. Esta vez, sin embargo, mientras sacáis el aire, intentad imaginar lo deprisa que va a pasar, lo duro que os va a golpear y todas las veces que os va a clavar los dientes en la yugular, ¿O acaso son garras? No os preocupéis, ese detalle concreto no importa, porque antes de que os dé tiempo de procesarlo siquiera, ya tenéis que moveros, tenéis que echar a correr, tenéis que estar por lo menos agitando los brazos... y está más claro que el agua que tenéis que tirar este libro, no os va a dar tiempo ni de gritar (...)”

¿Entendéis porque nuestro aprendiz de tatuador se pone enfermo leyendo el libro de Zampanò? ¿Porque se le va la olla más de una vez cuando nos cuenta su vida? Sí, está bajo los efectos de una tensión máxima. Y aquí es donde Danielewski también juega para transmitirnos este escalofrío.

¿Dónde estamos? Hace rato que escribo y todavía no sé si se entiende lo que significa esta novela. Quizás es un puzzle por terminar, un laberinto al que le buscamos su minotauro particular pero que no lo acabamos de encontrar. Creo más bien que cada lector deducirá las respuestas a los misterios que podemos vislumbrar ante las cintas de vídeo del expediente Navidson. Y sí, el final también lo tendremos que interpretar con los datos de que disponemos, no creáis que nos lo dan masticado. El autor nos resuelve a su manera el caso Navidson pero nos proporciona herramientas para que podamos leerlo como más nos convenga. Pero para alcanzar conclusiones necesitamos también profundizar en la interpretación en paralelo de todas las teorías y aproximaciones de decenas de personajes, tertulianos, periodistas, científicos... que abren las puertas a largas disertaciones científicas, psicológicas, históricas, mitológicas (3)... o los ensayos realizados por expertos que encajan pero también nos condicionan a construir nuestra propia especulación del expediente.

Leer La casa de hojas significa aceptar este reto que nos ofrece Danielewski, socarrón él, para equiparar nuestra manera de pensar a la de Johnny Truant, sin olvidar en prestar atención a lo que realmente nos interesa más de la novela. A veces fliparemos: por ejemplo en una página incluso tendremos que tocar una melodía— yo lo hice con la flauta, pobre de mí— y otra página está escrita en alfabeto braille. También encontraremos fragmentos en alemán y francés -—casi siempre traducidos—, textos ocultos o ilegibles...

...todo ello despertará nuestra vena exploradora, ¡Oh sí! Nos sentiremos como Indiana Jones siguiendo los pasos del Santo Grial, o como un profesor torturado mientras descubre mitos de Cthulhu escondidos en un manuscrito... es fantástico. Pero también habrá muchos momentos que nos engañará el sueño, que cerraremos los ojos rogando para que Truant deje de desvariar o para que el autor no ponga más notas a pie de página con referencias que no nos importan... y sí... os dormiréis, cansados ​​y frustrados. Pero cuando os despertáis, volveréi a tomar ese maldito volumen y continuaréis leyendo porque seguiréis hipnotizados por la bellísima edición y por saber, saber, saber más, más y más sobre el expediente Navidson, sobre La casa de Hojas.

Poco sirven de consuelo
A quienes lloran
Los pensamientos que no paran de errar
Igual que las paredes no paran de cambiar
Y este gran mundo azul nuestro
Parece una casa de hojas

Momentos antes del viento

Eloi Puig
20/05/2020


(1) Como esta. Escrita a la intempestiva hora de las 00:14 del 20 de mayo de 2020 bajo la luz tenue de una lámpara de despacho y rodeado de oscuridad y de un leve zumbido de los leds que, aunque apagados, aun murmuran.

(2) Sí, el amigo de Bambi, no habéis errado pensando esto, tranquilos.

(3) Me parece que me estoy repitiendo un poco pero realmente Danielewski le encanta explayarse con la mitología, la psicología y otras disciplinas como si todo girara alrededor del estado de la mente de los protagonistas, como si éstas se atornillan premeditadamente alrededor del misterio y se hundieran hacia el infinito. Ha visto la portada? Y si no medite sobre este fragmento:

¿Cómo puede crecer un diminuto caracol en su prisión de piedra? (...) En otras palabras, la concha del caracol, esa casa que crece junto con su recluso, es una de las maravillas del universo” (...) Las conchas son objetos sublimes de contemplación para la mente

 

 

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