TERROR PSICOLÓGICO
 
     
 
 
 
 

LA LARGA MARCHA
The long walk
(1979)

Stephen King

Editorial:
Martínez Roca (1986)

Colección:
Gran Super Ficción

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Páginas:
286


Otras ediciones:

ESPAÑOL:
2004, RBA

2000/ 2003 De Bolsillo, Biblioteca Stephen King, 19 / Best seller 102/19

1998 Plaza & Janés, Biblioteca Stephen King, 19 / Best seller 102/19

1987, Círculo de lectores


 
     
La larga marcha

Muy a menudo un planteamiento sencillo puede resultar tan o más efectivo que un argumento complejo, diseñado hasta el mínimo detalle. Éste es uno de aquellos libros que he estado removiendo más de una vez por los mercados de segunda mano pero que nunca me decidía a comprar. Precisamente por la sencillez del argumento (y de la contraportada, todo hay que decirlo), no me había atrevido a comprarlo hasta este último verano.

El hecho de que el autor fuera un mundialmente reconocido Stephen King añadía todavía más controversia a mi decisión. Si bien, me gusta su prosa, de esta obra no había oído hablar demasiado... y me la tomaba como una novela primeriza o quizás no a la altura de clásicos del maestro del terror. Pero me equivocaba: King ideó un argumento muy sencillo -no simple- y lo desarrolló de forma chocante haciendo que la novela resultara tan impactante como original.

Ubiquémonos: EE.UU., en un momento indeterminado que no se llega a concretar, parece un siglo XX con rasgos ucrónicos, alternativos, pero que el autor no le interesa dejar claros pues enfoca toda su atención en la premisa de la novela: Mostrar el terror absoluto ante la muerte próxima. ¿Cómo? Con una malsana competición deportiva. Cada año cien chicos voluntarios realizan una marcha por la carretera. Tienen que andar a un ritmo mínimo de 6,5 Km/hora; cada vez que bajan de este hito mínimo reciben un aviso por parte del ejército que les va detrás. Después del tercer aviso son muertos a tiros allí mismo. La marcha no concluye hasta que queda una sola persona de pie. El premio... cualquier cosa que se pida.

King, por una parte critica a la sociedad consumista que necesita ver sangre, sufrimiento y dolor. La marcha se retransmite por televisión en una especie de reality show y la gente enloquece, se excita y clama contra los marchadores o a favor de ellos. Y por la otra, el autor busca conocer la mente de los marchadores. La novela no deja de ser una especulación, en clave de terror psicológico, sobre la proximidad de la muerte. Todos saben que pueden oír los tiros que significarán su muerto en cualquier momento, sólo reduciendo el ritmo; todos los marchadores saben que los amigos que hagan tendrán que morir para salvarse ellos mismos. Todos temen que el agotamiento de caminar días y días puede hacer que acaben muertos o con secuelas aunque ganen la prueba. La sencillez del argumento se centra en las interactuaciones entre los diferentes protagonistas, sus rivalidades, sus miedos personales, la ayuda que se dispensan, el odio que se profesan... todo un abanico de posibilidades que el autor explota magníficamente.

El autor escribe con pasión, con un énfasis que me hace recordar sus mejores obras, tiene terreno para explorar y tiene la capacidad para hacerlo. Utiliza los diálogos entre los participantes para explicarnos porque están allí y usa los pensamientos más profundos de éstos para mostrarnos el dolor, la esperanza, el sufrimiento y el terror que tienen que afrontar ante la carretera. El autor profundiza paradójicamente tanto la relación de grupo como en la solitud de los marchadores. Analiza los sentimientos de los participantes de forma estremecedora... cómo pueden pasar de la lástima, a la arrogancia o a la camaradería, y de aquí a la desesperación más absoluta.

Quizás nos hubiera gustado saber el porqué de todo, en qué sociedad ucrónica o futura nos encontramos para entender que el gobierno apoye una prueba tan dramática y disparatada como ésta. King sólo deja vislumbrar algunos aspectos sobre este punto pero creo que en este sentido al lector le falta más información.

Otro aspecto que creo hubiera sido interesante es que King nos hubiera trasladado a la mente de algunos de los participantes y no sólo en la del protagonista; en un estilo parecido al utilizado por Martin en la su -todavía- inacabada heptalogia fantástica, Canción de Hielo y Fuego; de esta manera todavía hubiéramos disfrutado más de las sensaciones y miedos bajo diversas perspectivas.

Así pues, una novela que juega a romper esquemas y que hace que el mismo lector realice apuestas mentalmente sobre quién ganará finalmente la competición añadiéndose sin quererlo a la turba de gente que anima y contempla con morbosidad a los marchadores. ¿Significa eso que en el fondo la condición humana es capaz de asumir estas barbaridades? ¿No observemos todos nosotros embelesados los desastres bélicos o naturales que nos ofrece la televisión y en cambio hacemos caso omiso a noticias más agradables o a programas más inocuos? Quizás nuestra racionalidad es la única diferencia entre la sociedad civilizada y la barbarie, pero no siempre la cultivamos como sería necesario. La larga marcha es una obra de ficción pero a veces me pregunto si no sería fácilmente aplicable a una sociedad cada vez menos comprometida y éticamente corrupta como la nuestra, capaz de emitir sin cesar reality shows sin ningún tipo de sentido. Todavía estamos muy lejos de querer una "Larga marcha", pero estamos asentando las bases.

La idea ha estado presente también en otros medios, como por ejemplo en la película japonesa Battle Royale donde cien chicos y chicas tienen que matarse mutuamente en una isla hasta que quede uno de sol, el cual recibirá el mejor regalo de todos: La vida.

 

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