CF- DISTOPÍA
 
     
 
 
 
 

LA GUERRA DE LOS MERCADERES
Merchant's war
(1986)

Frederik Pohl

Editorial:
Ultramar (1991)

Colección:
Grandes Éxitos Bolsillo

Núm:
117

Páginas:
279

Lecturas relacionadas:
Los Mercaderes del espacio


Otras ediciones:

CATALÁN_
1988 Pòrtic, Pòrtic Aventures, 8

ESPAÑOL:

1987 Ultramar, Best-Sellers, 264





 
     
Los mercaderes del espacio

Frederick Pohl se aventura a realizar una segunda parte de una de sus obras más conocidas (Los Mercaderes del espacio) ni más ni menos que treinta años más tarde. Y la verdad es que se sale con la suya: La Guerra de los mercaderes acaba siendo mejor que su predecesora. Y no solo por poseer un ritmo narrativo ágil, casi trepidante, sino porqué el argumento borda el esbozado en la primera parte. Solo un final algo apresurado podría alzarse como nota discordante en el global de la novela, pero este hecho no enturbia para nada la obra.

La acción se centra años más tarde de donde acabó la primera parte, pero su lectura puede ser independiente de esta. La Tierra continúa sumergida en la economía consumista, las agencias publicitarias controlan los gobiernos, las empresas, son el motor económico del planeta. Nada se escapa al control de estas agencias... excepto la colonia de renegados (conservadoritas) que se instaló en Venus al final del primer libro.

Esta obra vuelve a ser una crítica salvaje a la publicidad, al consumo masivo, a la sociedad occidental que ha perdido poco a poco sus valores y los pocos ideales que tiene, incluso hoy en día (un ejemplo son las leyes navideñas que obligan a consumir y a realizar regalos). Buen parte de los 40.000 millones de terrestres pertenece a la clase consumista y es adicta a uno o más productos (refrescos, figuritas de colección absurdas, nicotina inyectada...) en una Tierra decadente, contaminada y sin energía, donde los taxis son tirados por personas, donde los alimentos son totalmente artificiales, donde te pueden quemar el cerebro por incumplimiento de contrato de compra, y donde un despacho de lujo consiste en poseer un espacio con al menos una ventana.

Todo esto se nos muestra a través de la narración en primera persona de un alto ejecutivo publicitario, un redactor de primera categoría que comprobará en su propia piel lo que significa ser un adicto a un refresco a causa de una campaña publicitaria agresiva. Un vendedor con talento que poco a poco va cayendo en el pozo del consumismo debido a su adicción y donde se ve envuelto en un complot de grandes proporciones. La vida de Tennison Tarb se irá apoderando del lector, aunque represente todo aquello que critica la novela. Y precisamente este factor, el de mostrarnos el mundo tal como lo ve y lo entiende una persona totalmente entregada a la publicidad y al consumo, es el que mejor expresa las situaciones, entre divertidas y trágicas, a las que nos enfrentamos en esta particular distopía que debería pasar directamente a ser un clásico del género.

 

 

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