FANTASÍA HEROICA
 
     
 
 
 
 

LA ESPADA ROTA
The broken sword
(1954)

Poul Anderson

Editorial:
Alianza Editorial (2006)

Colección:
Runas

Núm:
---

Páginas:
286

Otras ediciones:

1992 Anaya. Última Thule, 1

 
     
La Espada rota

De todos es sabido que el género fantástico es tan viejo como la misma humanidad. Nuestros antepasados se hartaban de imaginar historias épicas, primero amparadas bajo la propia influencia de sus mitologías, más adelante incorporando elementos propios.

Y este recurso, esta simbiosis de ingredientes entre lo viejo y lo nuevo, las historias clásicas y las innovaciones en forma de granitos de arena que aportaba cada autor se ha repetido siempre y probablemente continúe así. Claro que a veces un autor da un toque de atención o incluso asienta nuevas bases y puede hacer temblar sus propios cimientos. Tolkien fue uno de estos transgresores, no por qué inventara nada de nuevo si no por que lo que escribió - obviamente hablamos de su obra entorno a la Tierra Media- inspiró a infinidad de otros autores. Tolkien utilizó aquella simbiosis de que hablaba anteriormente: Mezcló la mitología nórdica con elementos propios y creó la novela fantástica más influyente del siglo XX: El Señor de los Anillos.

Pero aquel mismo año de publicación, 1954, un autor americano de padres escandinavos también ofrecía al público una obra fantástica: La espada rota que es el libro que ahora nos ocupa. Una novela que utilizaba las mismas bases que la magna obra de Tolkien - mitología escandinava- para ofrecernos una historia de pasiones desenfrenadas, batallas, amores, odios, magia y mucha aventura. El autor fue Poul Anderson, un escritor que cultivó la fantasía heroica – fue uno de los continuadores de la obra de Conan por ejemplo- pero que era más conocido por sus trabajos en el ámbito de la ciencia-ficción, un autor que no pudo luchar contra la sombra del omnipresente Tolkien pero que imaginó una obra fantástica que actualmente podría rivalizar con cualquier otra.

La espada rota, como decía, bebe de las mismas fuentes mitológicas que El Señor de los Anillos, pero las trata de diferente forma, quizás más acercándose a la realidad imaginada por los vikingos y sus antepasados. Aquí encontramos elfos, gigantes, enanos y trolls; brujería y guerra, sangre y pasión... pero Anderson nos deleitó con una obra más violenta, más desenfrenada: Los elfos no tienen sentimientos y de poco se diferencian de su contrincantes, los trolls; el incesto, la violación, la falta de ética y de honor son el pan de cada día tanto entre los elfos como entre los trolls - sólo hay que ver el concubinaje voluntario de las damas élfas-; en cambio los humanos viven bajo la sombra de un mundo mágico - Faerie- que se extiende por toda Europa en una dimensión paralela, de manera que sólo los que tienen el don de la Vista Encantada pueden contemplarlo. Este espacio mágico, coexiste con nuestra realidad, con nuestros territorios.

Pero nuestra historia empieza en el mundo de los hombres, en la costa este de la actual Inglaterra, en plena efervescencia vikinga. Y empieza con un intercambio de un bebé humano por otro nacido por medio de la magia élfica del vientre de una troll prisionera. Imric, conde élfico de Inglaterra es quien roba al bebé y lo sustituye por otro de igual, nacido de la abominación y la tortura. El niño robado, Skafloc, vivirá entre la frialdad de los elfos mientras espera el funesto destino representado por una espada rota regalo del mismo Odín. El otro bebé, Valgard crecerá entre los hombres, arisco y poco amado, hasta que las manipulaciones de los que tienen más poder que él lo instigarán a cometer los crímenes más atroces. Skafloc y Valgard están condenados a combatir, a mover ejércitos y a liderar sus pueblos adoptivos, mientras son observados por la atenta mirada de unos dioses que usan a sus criaturas como peones en un juego de muerte y destrucción. El autor juega, pues, con los sentimientos humanos de los dos protagonistas para escribir una trama llena de tragedias y desesperanza.

El escenario se completa con la batalla de creencias: Mientras que los dioses paganos propios de cosmogonías nórdicas -Odín, Thor, Loki- o célticas, viven todavía por Faerie -el autor incluso nos habla de seres sobrenaturales propios de otras culturas y religiones como los faunos griegos o los djinns árabes-, uno nuevo dios, el Cristo blanco, está llegando del sur y está convirtiendo a la mayoría de los pueblos escandinavos. Una batalla sutil pero que está presente en toda la novela: La pérdida de poder de los dioses tradicionales a causa de la creciente influencia que ejerce la religión cristiana gracias a la protección que ofrece sobre los hombres bautizados significa no sólo que los dioses de Asgard – los Ases-  pierdan peso si no que todo el mundo mágico esté condenado a desaparecer tarde o temprano.

Como pequeña pega habría que mencionar que el autor habla de la mitología nórdica como si todo el mundo la conociera de manera que en más de una ocasión se nos escapan detalles. Anderson no ha creído conveniente explicar los porqués de muchos conceptos de esta mitología; muchos de ellos serán sobradamente conocidos por el lector como es el caso de los bersekrs o del papel de algunos dioses (Odín, Loki ...) pero otros posiblemente se nos escapen y es lástima pues nos hubieran ayudado a tener una visión de conjunto más profunda. Por ejemplo el origen de la espada Tyrfing que para la mayoría de los lectores "sólo" es una espada rota pero que esconde un simbolismo y una historia mucho mayores de lo que parece a priori.

Y lo mejor de todo es que la novela no llega a las 300 páginas. Anderson sabe condensar con un estilo vivo y una prosa entre poética y sutil, una historia que en momentos no abandona nunca el tono épico y que demuestra una vez más que las cosas buenas, si breves, dos veces buenas. Si hubiera narrado esta historia setenta años antes, sería un ejemplo claro del movimiento romántico. Sus influencias posteriores no son tan claras como las de la obra de Tolkien, pero  si buscamos un poco podemos ver como cierta famosa espada empuñada por el Elric de Michael Moorcock tenía más de una similitud con Tyrfing o como Jack Vance a mediados de los años ochenta, intentaría ligar una historia similar llena de raptos, tragedias, viajes, y mucha mitología -en aquel caso céltica- con su trilogía de Lyonesse pero donde los resultados serían menos contundentes.

La espada rota pues es un clásico a recuperar, una novela que cualquier aficionado a la fantasía heroica tendría que tener como libro de cabecera.

Eloi Puig, 20/12/07

 

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