CF- DISTOPIA
 
     
 
 
 
 

RES NO ÉS REAL
(2015)

David Gálvez

Editorial:
Editorial Males Herbes (2015)

Colección:
Distorsions

Núm:
19

Páginas:
129


 
     
Res no és real

¡Bravo!

Mis congratulationes a las dos partes que han hecho posible una novela como esta: El autor, David Gálvez, y los editores de Las Malas Herbes. Bravo, porque Res no és real (Nada es real) es una novela corta de ciencia ficción sin complejos, escrita con mano firme por un autor poco conocido pero por el que han apostado sin problemas. Bravo también a los editores por publicar una historia extraña, poco predispuesta a gustar a todos los públicos y en cambio muy necesaria en Catalunya para ayudar a normalizar el género fantástico.

Res no és real es, como decía, una historia corta, sencilla, poco amante de las complejidades y de las tramas argumentales que se bifurcan y se dispersan, que se alejan del camino marcado. Aquí el sendero está perfectamente trazado, un camino a través del que el autor nos narra una historia simple, humana y enigmática. Y nada más. Pero la novela  tiene diferentes grados de lectura bajo la apariencia de cuento distópico. Comentemos el fascinante y claustrofóbico escenario: Un campo de fresas. Unas parcelas cubiertas por un techo transparente de tamaño poco preciso donde cientos de personas, de familias, trabajan toda su vida cultivando dicha fruta para sobrevivir, pues no tienen nada más para alimentarse: Sólo fresas y agua. Durante generaciones no han hecho más que mejorar el cultivo de las fresas, y poco a poco han ido perdiendo la memoria colectiva de quienes eran antes y de qué hacían. Para tratar de detener este olvido del pasado, algunos escogidos cuentan los días que transcurren, imperturbables, y apuntan los hechos importantes que ocurren en la comunidad. Pero estos escasos momentos importantes se concentran en las periódicas sequías y las pérdidas de conciencia general que ocurren a continuación cuando el agua vuelve a fluir. Y naturalmente en las misteiosas desapariciones que controlan el nivel de la población.

Un escenario pues, distópico, el cual nos es descrito por boca de Campverd, una de las pocas personas que saben escribir o leer. El autor utiliza un lenguaje directo pero elaborado que aflora en primera persona de la mente de Campverd. Pero a pesar de su sencillez, la prosa nos cautiva y nos hipnotiza como pocas veces he visto en una obra de estas características. Los capítulos cortos y las repeticiones de las frases, costumbres, leyes, como si fueran mantras que no hay que olvidar, penetran en nuestra mente y nos llevan a seguir leyendo sin detenernos.

La segunda capa que hay que analizar, aparte del extraño escenario, es el lenguaje, parte intrínseca de la obra. Gálvez aporta hipótesis y teorías de cómo un grupo de humanos puede modificar su lenguaje, su vocabulario, en función del entorno en que se mueve, vive y muere. Un lenguaje al servicio de una comunidad que no conoce nada del exterior (si es que éste existe) y que por tanto no puede contaminarse con nada que no tenga que ver con el campo de fresas y la vida cotidiana, pues los conocimientos de Campverd y los suyos se basan en el descubrimiento empírica aportada exclusivamente por sus sentidos; no existe un legado pasado que puedan consultar o comparar. Es como el mito de la caverna que imaginaba Platón, donde los humanos no saben nada del mundo exterior y este se convierte en algo fuera de la realidad. Aquí los humanos están obligados a mirar los campos de fresas y sólo pueden intuir que existe un exterior que nunca han experimentado.

Así pues tenemos un misterio, tenemos una narración en forma de diario personal y tenemos un escenario concreto. Todos estos elementos combinados nos proporcionan una historia tan fascinante como frustrante debido a que al autor no le inteteressa mostrarnos nuevos caminos posibles para huir de esta vida monótona y repetitiva; no pretende convertir el campo de fresas en la base de un thriller; al contrario, el final queda abierto, en suspenso ... en este sentido creo que un poco más de determinación en la conclusión de la obra, aunque fuera esbozada, hubiera ayudado a que el lector la valorara mejor todavía.

Aparte de este hecho, la única cosa que puedo reprobar a la historia es de carácter técnico: Cuesta creer que varias generaciones de personas se alimenten única y exclusivamente de fresas, sin otra fuente de nutrición. Este punto le ha restado credibilidad a la obra. Pero es un detalle que no eclipsa lo que definiría como una historia distópica que nos hipnotiza desde la primera palabra y que nos deja con ganas de mucho más.

Bravo pues, por escribir y publicar esta obra, tan personal, tan poco comercial, con tan pocos complejos, pero que sin duda puede convertirse en un referente en la ciencia ficción actual en catalán
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Eloi Puig, 16/04/15

 

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