CF- CATASTROFISTA
 
     
 
 
 
 

EL MUNDO DE CRISTAL
The crystal world
(1966)

J. G. Ballard

Editorial:
RBA
(2013)


Colección:
Literatura fantástica

Núm:
08

Páginas:
204

Otras ediciones:

1991 Minotauro

 
     
El mundo de cristal

Que J. G Ballard es un autor especial (decirle interesante sería despreciarlo) salta a la vista con sus obras y su prodigiosa capacidad para sorprendernos con todo lo que leemos de él. No soy ni mucho menos un gran entendido en su persona, de hecho esta es la segunda novela que leo de él pero me ha parecido vislumbrar algunos rasgos característicos que pueden formar parte de su talante como escritor polifacético y anticonformista.

Hace unos años leí su primera novela: El mundo sumergido, que junto con la presente El mundo de cristal y el Viento a ninguna parte y La sequía, forman parte del ciclo de las catástrofes o los desastres naturales que azotan y literalmente destruyen la sociedad humana tal como la conocemos hoy en día. El Mundo sumergido me cautivó mucho: Por lo acertado de su ambientación, por su prosa hipnótica, por su final abocado a la destrucción. Y como es natural, al leer El mundo de cristal, estas sensaciones me han vuelto a venir a la cabeza.

Ballard nos plantea en este caso un fenómeno extraño, fascinante y desconcertante: La selva centroafricana se está cristalizando a marchas forzadas y todo ser vivo puede ser afectado: plantas, árboles y animales quedan congelados, petrificados, mientras los cristales los rodean y se integran en sus organismos. El porqué de las cosas no importa. Aunque Ballard en el primer capítulo de la segunda parte del libro nos suelta una explicación técnica - demasido hard para mi gusto- del porqué ocurre esta maravillosa destrucción, lo que realmente quiere el autor es explorar otros caminos.

Caminos como el impulso suicida que sufren algunas personas, una atracción por el caos, o mejor dicho, por el nuevo orden que impera en la selva (que dicho sea de paso también se repite en otros lugares del planeta), una fascinación que parece enturbiar las mentes y el comportamiento de quienes están cerca. Este es el Ballard que me gusta, el que no quiere finales felices, pero tampoco trágicos, el que narra las sensaciones y las carencias de unos personajes que siguen su perfil de antihéroes, de personas corrientes atraídas por una búsqueda primigenia. En el caso de El mundo sumergido era más evidente, en la presente novela también se intuye.

En cambio, las tramas secundarias, las que en buena parte sustentan la novela, en este caso las veo menos logradas, más perturbadoras. La lucha encarnizada entre los personajes de Thorensen y Ventress que no lleva a ninguna parte; la esperanza de reencontrar un viejo amor, o girarle la espalda definitivamente ... son un rodaje de capítulos y escenas que no ha cuajado en mí. Que son necesarias para aguantar el peso de la cristalización de la vida en la selva, porque si no, sólo encontraríamos un fenómeno extraño y perturbador, pero creo que Ballard en este caso aporta una trama argumental más pobre de lo que cabría esperar en él.

En definitiva, El mundo de cristal sigue al pie de la letra estos principios rompedores del autor, estos cánones que no todo tiene que terminar bien y donde los personajes pueden realmente dirigir su existencia, sin que el mismo autor pueda impedirlo. Sanders, en El mundo de Cristal, o Kerans, en El mundo sumergido tienen vida propia, parece que hayan cortado el cordón umbilical con el autor para seguir sus propias decisiones, por muy poco lógicas o desafortunadas que sean, están abducidos por el poder de fascinación de aquel nuevo orden mundial del que hablaba. En este caso un orden destructor, como la nueva religión que adoptan algunos humanos en "Una canción para Lya" de George R.R Martin, ese impulso indescifrable para formar parte de algo más grande, diferente, inescrutable pero definitivamente aniquilador.

Ballard sigue siendo un autor a tener muy en cuenta, portavoz de ese new age inglés de los sesenta y setenta y que aunque no siempre será comprendido o halagado por parte del lector, sus ideas antisistema o más bien anticonformistas son un punto de vanguardismo que habrá que tener siempre presente, especialmente hoy en día.

Eloi Puig, 06/04/13

 

Premios:

1970 Seiun (Japón)

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