Brujerías
FANTASÍA- HUMOR
 
     
 
 
 
 

GERMANES
FATALS

Wyrd Sisters
(1988)

Terry Pratchett

Editorial:
Mai Més LLibres
(2023)


Colección:
Refugi A'tuin

Serie:
Les bruixes/ 2

Núm:
---

Páginas:
336

Traductor:
Ernest Riera

Ilustradora:

Marina Vidal

Lectures
relacionadas:

Ritos iguales
Brujas de viaje
Lores y damas


Lectura del 2004:





Editorial:
Pla & Janés
(2003)


Col.lecció:
Mundodisco

Núm:
3

Pàgines:
324


Sèrie:
Les bruixes/ 2

Traductora:
Cristina Macía

Lectura del 1994:






Editorial:
Martínez Roca
(1992)


Col.lecció:
Mundodisco

Núm:
3

Pàgines:
265


Sèrie:
Les bruixes/ 2

Traductora:
Cristina Macía

Otras ediciones:

2002, 2003 De bolsillo. Biblioteca terry Pratchett, 3/ Besteller 342/3

1998 Círculo de lectores

1991 MR. Col. Gran Fantasy


 
     
Germanes fatals

Germanes fatals (Brujerías en castellano) es un título algo especial para mí. Es la novela del Mundodisco que he leído más veces (tres con ésta) y fue la primera obra de la saga que leí después de las dos primeras (que como sabéis son más histriónicas). Esto significa que hacia 1994 Germanes fatals fue un golpe de humor inteligente que resonó durante mucho tiempo dentro de mi cabeza y que me insufló unas ganas locas de adentrarme en nuestro entrañable disco, a los cuatro elefantes que lo sujetan y a la tortuga Gran A'tuin que los trasladada a todos juntos por el universo.

Fue también la primera vez que me topé con uno de los grandes personajes del Mundodisco: La Yaya Ceravieja (no, por aquel entonces todavía no había leído Ritos iguales) y también con las otras dos brujas que le acompañarían en más aventuras. Hablo, obviamente de Tata Ogg y Magrat Ajostiernos. Una tríada muy bien conseguida y que son el alma de las novelas dedicadas a las brujas (la primera, Ritos iguales, no deja de ser un preámbulo a lo que vendría después).

La segunda lectura fue en el 2004. Entonces ya había devorado, más o menos, la mitad de las novelas del Mundodisco y cada vez me sorprendía más. Volví a releerla por el buen recuerdo que tenía y me volvió a gustar mucho (quizás menos que al principio por lo de que ya no te sorprende). Pero ahora, casi veinte años después, lo he vuelto a saborear (y además con la exquisita traducción al catalán de Ernest Riera) y me han vuelto a aflorar sentimientos y sensaciones únicas: La del humor sutil bien trabajado, la de personajes extraordinarios y la de una trama fantástica que esconde más de lo que parece a primera vista. Y también pasajes de aquellos que no puedes parar de reír, notas de pie de página creativas y pasajes de humor absurdo pero que te llegan al alma como las escenas de tormentas que te abren los ojos y que quizás sólo son simple atrezo para la trama... pero que las acabas queriendo mucho. Un ejemplo, de la querida tormenta que acompaña a la obra en varias ocasiones:

(...) “La tormenta estaba azotando con todo su entusiasmo. Aquella era su gran oportunidad. Se había pasado años de gira por provincias, haciendo funciones para conseguir experiencia, consiguiendo contratos, y sólo de vez en cuando asaltando a pastores distraídos o hendiendo pequeños robles. Ahora, un hueco en el escalafón del tiempo le había dado su gran oportunidad, ya la tormenta se esforzaba al máximo con la esperanza de que la viera algunos de los climas importantes.” (...)

Yo no había leyendo nunca antes un párrafo como éste, ¿me entendéis? Bien, sí, lo había visto en El color de la magia y La Luz fantástica pero entonces pensaba que simplemente el autor se reía de todo. El estilo de Pratchett y su capacidad de introducirnos pasajes como éste como quien no quiere la cosa empecé a disfrutarlo aquí, de esta novela que habla del pequeño reino de Lancre, perdido entre las montañas más elevadas del Disco.

El rey Verence I es el rey de Lancre, un minúsculo reino en las montañas del Carnero donde la magia hace estragos. Bien, era el rey, pues acaba de morir de modo, digamos, no natural. Su fantasma es condenado a vagar (y encantar) su propio castillo cosa ya de por sí bastante aburrida incluso para un fantasma. Mientras, su primo, el duque Felmet, y su ambiciosa esposa ocupan el trono del pequeño reino y buscan desesperadamente al heredero del rey que es entregado por un criado fiel de forma muy solemne —esto significa, con una flecha clavada a sus espaldas— a un trío de brujas que aquel día hacían un aquelarre, por aquello de seguir la tradición. Las brujas se toman al recién llegado como lo que es: un símbolo inequívoco (y muy tradicional también) que el destino le deparará algo... importante. Así que se lo manejan para llevarlo a un sitio seguro, a una compañía de gente extraña que van por los pueblos haciendo teatro.

Las brujas a las que se les encarga esta tarea son la yaya Ceravieja (que ya conocíamos previamente en Ritos iguales), una señora poco tolerante con nadie y con una sapiencia que se basa en la cabezología más elemental y que ejerce una gran influencia sobre todo el mundo.

(...) “Las brujas no son gregarias por naturaleza y de ninguna manera tienen líderes. La yaya ceravieja era la más respetada de las líderes que no tenían” (...)

La segunda de ellas es Tata Ogg, progenitora de medio pueblo y con tendencia a decantarse por la buena vida especialmente en lo que se refiere al beber y comer. Gran amiga de Yaya (a la que se le permite dirigirse por su nombre de pila) y una mujer vital y comprometida con los suyos. Y finalmente tenemos a la Magrat Ajostiernos, la más jovencita de todas y paradójicamente la que quiere cumplir más con las tradiciones más paganas de su gremio. Una bruja inocente y dispuesta a todo pero a la que falta mucha experiencia en la vida. Juntas formarán un trío que como quien no quiere a cosa ayudarán a cambiar la vida de Lancre para siempre, pero sobre todo serán unos de los personajes más entrañables de todo el Mundodisco.

Terry Pratchett es capaz de darle la vuelta a convenciones y romper estereotipos. Bien sabida es la imagen que existe en el mundo sobre las brujas, pero Pratchett cambia esta caricatura para presentarnos algunos de los personajes más venerados dentro de su Mundodisco, tanto por su engañosa simplicidad como por su extrema personalidad. Estas tres brujas, el verdadero motor de la historia, tendrán que verse para devolver un heredero al trono de Lancre pasando por situaciones divertidísimas y rompiendo continuamente los esquemas de los cuentos de hadas, haciendo guiños en algunas ocasiones a obras populares como La Bella durmiente pero sobre todo homenajeando a la etapa clásica del teatro ambulante. Siempre con ese tono de parodia sana que sabe llevar el autor.

Un elemento que incorpora a Pratchett en esta historia de reyes muertos, pretendientes al trono, brujas y fantasmas... es el teatro. En Germanes fatals esta incorporación tiene un papel primordial y no deja de ser interesante como el autor extrapola la magia de la naturaleza o de las brujas (que no deja de ser prácticamente lo mismo) a la magia del teatro, esa capacidad de embrujar a las personas con cosas que no pasan de verdad —o como afirma Yaya Ceravieja, con traficantes de mentiras y artificios—. Pratchett rinde homenaje a este medio de expresión de tal modo que nos parece contemplar obras de Shakespeare en medio de disertaciones sobre cómo hacer más atractivos a los aquelarres.

Encontraremos pues, mil y una oportunidades de reír en medio de un trama repleta de malas miradas, fantasmas aburridos, bufón con traumas juveniles (después de haber pasado por su estricto gremio de bufones de Ankh Morpork), brujas soñadoras, brujas que encuentran que soñar es una tontería, viajes en el tiempo... y mucho teatro amateur. Un cóctel explosivo que confirma esta obra como una de las más divertidas y despampanantes del Mundodisco: El verdadero inicio de la saga de las brujas.

Entren señoras y señores. ¡Tomad asiento y contemplad la obra! ¡El espectáculo (con tormenta incluida) está a punto de empezar!

Eloi Puig
29/12/2023

 

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