CF- PODERES MENTALES
 
     
 
 
 
 

FLUYAN MIS LÁGRIMAS,
DIJO EL POLICÍA

Flow my tears, the policeman said
(1974)

Phillip K. Dick

Editorial:
Minotauro
(2011)


Colección:
Clásicos

Núm:
---

Páginas:
265

Otras ediciones:

1976 Acervo, Ciencia-ficción, 11

 
     
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía

Digerir una novela de Phillip K. Dick es una experiencia casi mística, es como degustar una buena pinta de Guiness (en Irlanda): Te invita a pensar en qué es aquello tan espeso pero tan bueno que te acabas de beber por la garganta. Te ha parecido cerveza, pero sacia como un plato ¿Es refrescante o te provoca más sed? Lo que es seguro es que no te deja indiferente.

Fluyan las lágrimas, dijo el policía es una de las pocas obras de Dick galardonadas con un premio. En este caso con el John W. Campbell, en el año 1975. Es una novela que llevaba largo tiempo descatalogada en castellano. Parece que Gigamesh se hizo con los derechos para publicarla de nuevo hace unos años (incluso tenían nueva traducción, que quizás sí que tocaba) pero finalmente por aquellas intríngulis editoriales donde no me quiero meter, Minotauro la ha reeditado dentro su colección - imprescindible - de clásicos, eso sí, aprovechando la traducción antigua.

Dick nos plantea una novela extraña, que cabalca sobre diversas temáticas de pura ciencia-ficción en una lectura de varios niveles. Para empezar la ambientación: Un futuro cercano (ahora ya hablaríamos de ucronía) donde EEUU está gobernado en una especie de estado policial tras una II Guerra Civil. Hablamos pues de una sociedad distópica donde el hecho de no ir identificado por la calle te puede llevar a un campo de trabajos forzados de por vida. Una sociedad donde los negros han sido prácticamente extinguidos - ahora se les protege como una rareza- y donde los estudiantes parecen ser el enemigo número 1 de la policía -lo más normal es tratar de detener a un estudiante loco que se ha escapado del su campus buscando comida o vete a saber qué - lo que me lleva a recordar los desagradables hechos que han ocurrido estos días en Valencia-.

Una segunda capa o nivel se ocupa de la trama en sí, pura especulación dickiana entorno a la realidad, uno de los temas preferidos del autor. Jason Taverner es un popular presentador de un show de televisión con más de 30 millones de seguidores. Un buen día, se despierta en un hotel de mala muerte y descubre que no existe. Sí físicamente, pero sus credenciales y tarjetas de identificación han desaparecido y nadie lo recuerda, a pesar de ser una persona altamente conocida. A partir de aquí tratará de adaptarse a la nueva situación mientras personajes secundarios (una falsificadora, una ex amante y especialmente el general de la policía de Los Ángeles) confluyen en su nueva vida en mayor o menor grado.

Al principio del libro tuve la sensación de que el argumento seguía los pasos de aquel clásico indiscutible que es Universo de Locos del maestro Frederic Brown. El hecho de cuestionar-se continuamente la realidad parecía que quisiera desembocar en una historia de universos paralelos pero no es así exactamente: Dick tiene suficiente imaginación para modelar la realidad a su gusto y que encima hacerlo de forma original. La alteración de la realidad, de la percepción que se tiene es pues un punto importante en la novela. De hecho, durante el transcurso de esta podemos observar como nuestro protagonista, Jason Taverner pasa de una realidad a otra de forma sublime, con una suavidad que demuestra la maestría de Dick en manejar este tipo de situaciones.

Pero también encontramos una tercera capa. Dick parece querer tratar temas más universales como el amor y la soledad. Quizás la ambientación distópica juega a favor del autor para presentarnos a personajes que no saben lo que es el amor y que viven - o malviven- en una sociedad donde las personas buscan excusas en forma de amantes, de distracciones o de simples entretenimientos para no demostrarse a sí mismas lo solas que se encuentran. Es un discurso un tanto artificioso cuando quizá lo que le interesa al lector es el desarrollo de la trama principal, el porqué Jason Taverner ha dejado de existir para la humanidad, pero Dick es así: sorprendente.

Esta combinación de capas, de diferentes lecturas, no siempre alcanza el ritmo deseado y los capítulos del medio del libro parece que el autor divaga en exceso sobre el amor y las relaciones sociales con ex amantes, pero todo ello no deja de formar parte de este tipo de niebla semi onírica con que Dick envuelve algunas de sus novelas, con tramas densas que a menudo presentan ingredientes distorsionadores de la realidad como las drogas -reales o inventadas- o personajes que parece deban de hacer las paces consigo mismos antes de enfrentarse al mundo que les ha tocado vivir.

Una novela pues que combina una realidad social distòpica con un argumento que plantea un misterio aparentemente irresoluble. Por suerte, los últimos capítulos se dedican a explicar el porqué de las cosas, pero no de forma minuciosa. Mientras que estoy convencido de que otros autores hubieran dedicado más esfuerzos a narrarnos la solución, Dick, la deja caer en una simple conversación como quien no quiere la cosa y sin hacer un clímax propiamente dicho. Es lástima no haber explotado una idea como esta de forma más intensa, pero el autor no lo encontró conveniente, parece ser.

Recomendada para los incondicionales de Dick y para todos aquellos que quieran submergirse en un clásico de los 70, influido por unos tiempos convulsos repletos de drogas y de imágenes de represión policial.

Eloi Puig, 25/02/12

 

Premios:

1975 John W. Campbell

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