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LA DECISIÓ DE MANPEREL
(2013)

Jordi de Manuel

Editorial:
Columna
(2013)


Colección:
Clàssica

Núm:
988

Páginas:
206

 
     
La decisió de Manperel

En los últimos años me he acostumbrado a empezar el año leyendo algún libro de Jordi de Manuel. Me producen una sensación de serenidad, como de poner las cosas en su lugar para volver a empezar. La prosa de Jordi de Manuel es sobradamente conocida pues sigue siendo uno de los escritores más prolíficos en lengua catalana que conozco. Normalmente produce obras vinculadas a la novela negra pero también se ha adentrado varias veces en la ciencia ficción. Y este es un ejemplo.

Hace tres años tuve la suerte de leer un primer borrador de la novela por motivos que ahora no vienen al caso. Quizás este hecho a algunos lectores les hubiera echado atrás a la hora de volver a leerla pero a mí tuvo un efecto contrario; me apetecía ver el resultado final, en una buena edición de Columna y no en un puñado de folios mecanografiados. La memoria me guardó una sensación de buena literatura en torno a una premisa enigmática; recuerdo que hubo aspectos del final que no me habían acabado de cuajar pero el autor - años después- también me comentó que había cambiado partes de la novela en esta edición definitiva, la cual por cierto, ha ganado el XXIII Premi Ciutat de Tarragona de novel·la Pin i Soler

Quería leer la novela después de fiestas, con calma. Esta es una obra para degustar tranquilamente pues aunque habla de lugares fríos, paradójicamente es muy cálida, quizá porque se adentra en el alma humana de forma inconsciente, sin que nos demos cuenta.

Viktor Nikolaievitx Manperel es el protagonista absoluto y a la vez deudor de un homenaje al matemático Grigori Perelman que tras descifrar una de las paradojas matemáticas del siglo XX, rechazó el premio Nobel (y su valor en metálico) para seguir con una vida humilde. En este caso, a nuestro hombre le pasa algo parecido. Pero la acción de la novela ya empieza en una isla remota del ártico ruso, un lugar donde durante unos meses Manperel y su madre se retiran para huir del academicismo de San Petersburgo. Allí, el matemático desea concentrarse para encontrar una fórmula, una ecuación que permita configurar la forma del universo.

Lo primero que llama la atención - y lo que me quedó más retenido en la mente en la primera lectura- es la excelente ambientación: La frialdad de la tundra y sus paisajes que a simple vista parecen monótonos pero que con la llegada del verano se llenan de colores y vida. Una descripción paisajística que nos envuelve profundamente y que acompaña en todo momento una trama de tipo misterioso desde que el profesor Manperel recibe una extraña carta y una grabación que le invitan a reflexionar sobre su familia y sobre misterios insondables que pueden afectar a toda la humanidad.

Quizás este énfasis en la ambientación ártica, en un lugar solitario casi deshabitado, trata de hacernos reflexionar de forma alegórica sobre cuan pequeños y sólos estamos en el cosmos, pero la novela no persigue realzar este aspecto majestuoso, infinito, inalcanzable del universo, por el contrario, Jordi de Manuel se concentra en detallarnos el calor que emana de las pequeñas cosas, los detalles de la vida solitaria o el efecto balsámico de las buenas conversaciones por muy cortas que sean, en definitiva ralentiza el ritmo para que Manperel pueda observar el alma de todo lo que le rodea, en parte gracias a un personaje secundario pero peculiar como es el cartero de la isla, Kiril Botonov.

Estamos hablando pues de una novela de ciencia ficción intimista, que se fija en los detalles y que de cuando en cuando sigue la trama de trasfondo que desenvuelve poco a poco una historia que viene de lejos y que puede ser determinante con la escucha de cada grabación que recibe el matemático. Esto lleva a degustar la novela con placer hasta el punto de que no siempre tenemos presente el argumento de trasfondo pues la historia sigue rodando durante buena parte de la novela sin el reclamo de las grabaciones que recibe y escucha periódicamente el profesor.

Si hay que poner un pequeño pero, es que el lector esperará - al menos para los que nos gustan las emociones fuertes - más de elementos perturbadores, más suspense, más intensidad en la trama argumental. Jordi de Manuel ha escrito una muy buena novela que sólo le falta más determinación en algunos momentos - como al final del libro - para resolver de forma más abrumadora todo lo que insinúa - que no es poco -. No me quejo del ritmo por que entiendo que el autor quiere precisamente crear el efecto que tiene en la novela (y realmente ni te enteras mientras lees que la novela avanza a grandes zancadas), pero también me hubiera gustado encontrarme más intriga y alguna explicación más detallada sobre temas fundamentales que se relatan en las grabaciones o que ocurren al final de la novela.

Ahora que he vuelto a leerla difícilmente olvidaré la sensación de frialdad de la tundra y de calidez de los pocos seres vivos que aparecen en la novela. Un contraste fantástico en una novela de ciencia ficción contemporánea a nosotros.

Eloi Puig , 14/01/04

 

Premios:

2013 Ciutat de Tarragona de novel·la Pin i Soler

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