CF- UNIVERSOS PARALELOS
 
     
 
 
 
 

LA CIUDAD Y LA CIUDAD
The city & The city
(2009)

China Miéville

Editorial:
La factoría
de ideas
(2012)


Colección:
Solaris

Núm:
166

Páginas:
316


 
     
La ciudad y la ciudad

A estas alturas todos ya sabréis que un servidor es un acérrimo seguidor de China Miéville, un autor como pocos capaz de crear de la nada mundos increíbles y de reinventarse a cada nueva novela. Y para ello combina dos ingredientes de forma magistral: El sentido de la maravilla y la originalidad.

Si la última novela que leí suya, Embassytown, me pareció una de las apuestas más originales e inverosímiles en el campo de los contactos extraterrestres, con La ciudad y la ciudad, el autor nos lleva a un impresionante enfoque sobre universos paralelos como nunca había leído hasta ahora. Beszel es una ciudad-estado mediocre y gris, ubicada de forma indeterminada en Europa del este, probablemente entre Rumania y Bulgaria, o quizás un poco más allá, en la zona de Moldavia. Ul Quoma es otra ciudad, musulmana, de influencias turcas, emergente y dinámica, con mercados, bullicio y en definitiva, con vida, como todas las ciudades islámicas. Y ambas ciudades tienen una cosa en común: Están situadas en el mismo lugar geográfico, comparten territorio, se solapan en muchas calles y barrios, se entraman, se unen de forma inexorable a pesar de estar en dos universos diferentes.

Ya tenemos un escenario que a priori puede parecer confuso, etéreo, absurdo. Pero Miéville aplica unas reglas marca de la casa para descifrar cómo dos ciudades pueden estar en el mismo lugar al mismo tiempo: La Brecha controla que las dos urbes se mantengan separadas. Los habitantes de una deben evitar ver los habitantes de la otra, así como sus coches, edificios etc... deben desver y desoir voluntariamente todo lo que no pertenece a su propio universo. En caso contrario, un poder superior, este Brecha de la que hablaba, esta grieta que habita entre las ciudades se lleva a los infractores, quizás para salvaguardar el precario equilibrio y para evitar males mayores, quizás para seguir ocultos a los ojos de todos. Sólo existe un forma legal de viajar de una ciudad a otra y es a través de una cámara conjuntiva, una frontera real que permite el tránsito y el comercio sin provocar ninguna Brecha en este tipo de continuum espacial.

Y ahora que tenemos un escenario tan fascinante sólo falta añadir una trama argumental que lo haga tambalearse: La aparición de una joven muerta en Beszel pero que parece haber sido asesinada a Ul Quoma da pie a una investigación por parte de la policía de las dos ciudades. Y el investigador Borlú, el protagonista indiscutible de la obra - la historia está narrada en primera persona - deberá colaborar con su homólogo ulquomano y averiguar qué se esconde detrás de la muerte de la chica, descifrar una serie de secretos que nos van adentrando poco a poco en este entramado casi perfecto de universos y sus habitantes en uno de los escenarios más surrealistas que recuerdo y donde se toparán con activistas unionistas que quieren la confluencia de ambas ciudades, de nacionalistas que quieren la separación absoluta ; o de misteriosos artefactos de la era pre-escisión (antes que se separaran las ciudades ) y muchos más elementos que hacen saltar nuestro detector de sentido de la maravilla hasta límites insospechados .

Miéville escribe una novela negra con claras resonancias clásicas: El inspector solitario, algo hosco, que no se deja intimidar por los superiores o los políticos. El cadáver, ubicado en un lugar extraño y que sirve de McGuffin para conocer tanto la ciudad de Beszel como la de Ul Quoma, los típicos enfrentamientos entre colegas que deben trabajar juntos a la fuerza... todo esto será del agrado de cualquier aficionado a la novela negra. Pero el trasfondo es tan fresco, tan vivo, tan genial, que hace que la investigación pierda un poco el sentido cuando descubrimos maravillas en cada capítulo y vamos comprobando que las ciudades son el verdadero protagonista de la historia: El entramado de calles y barrios sobre los que están constituidas, su misteriosa historia pasada, el hecho de que una, Beszel, de más influencia europea y quizás incluso comunista, esté estancada, sin perspectivas futuras y en cambio la musulmana, Ul Quoma, que anteriormente había sido una ciudad decadente, en la actualidad emerja, reciba inversiones extranjeras y en definitiva prospere; todo ello da juego a contemplar dos modelos de ciudad opuestos pero que comparten territorio. El autor siempre ha sido un amante de las urbes y de sus entrañas. Y aquí se evidencia una vez más esta relación casi enfermiza con ellas.

La prosa de Miéville ha ido conteniéndose desde el extremo barroquismo con que se presentó con la trilogía de ciencia ficción fantástica de Bas-lag. Ya no hallaremos ahora aquellos libros interminables llenos de ideas malsanas y estrambóticas que nos quitaban el aliento, pero seguimos encontrado pequeños tics que se repiten a pesar de la cuidada y sobria prosa que nos ha ofrecido el autor en sus dos últimas novelas. Y uno de estos tics es esta fascinación por universos paralelos o por las otras dimensiones. Si en La estación de la calle Perdido invocaban arañas tejedoras de otros mundos e insectos que vibraban también en otras dimensiones; en La cicatriz, animales descomunales entraban traspasando fronteras lejos de toda lógica de la física, aquí la situación se controla más gracias el papel de la Brecha, pero esta atracción por la simultaneidad espacial y la confluencia de universos, aún perdura.

Sí es cierto que me hubiera gustado saber más de cómo se originó la situación actual de las dos ciudades; también porque servían algunos de los artefactos pre- escisión que encuentran los arqueólogos y su origen. Aquí se demuestra una vez más, al igual que ocurre en novelas como Pórtico o Picnic junto al camino, que el autor tiene más interés para hacernos disfrutar de una situación ya dada y no de cómo se ha originado o de las repercusiones futuras de manejar tecnología desconocida. Pero repito que para cerrar perfectamente la novela hubiera estado bien explicarlo todo. Claro que el mismo Miéville no descarta ambientar más novelas en otras épocas pretéritas de estos universos en común que comparten Beszel y Ul Quoma, la ciudad y la ciudad.

Eloi Puig , 11/24/2013

 

Premios:

2010 Locus

2010 Hugo

2010 Arthur
C. Clarke

2010 Word Fantasy
 

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